Con Covid-19, cae la mediocridad política

Por Augusto Álvarez
Tras el nacimiento de la pandemia, que ha matado a cientos de miles, políticos de la caverna eligieron un blanco.
Sin embargo, se olvidaron de la existencia de la ciencia y, al mismo tiempo, de la inteligencia.
En la prensa de la semana que concluye, el alto espionaje, la inteligencia humana, ha dicho que COVID-19 no es el producto de un laboratorio, no es algo artificial que se inventó en una pequeña ciudad china, de unos 17 millones de habitantes.
La inteligencia real, en tiempo real, realiza su trabajo, y como seres pensantes que la integran ¿por qué importarle la opinión anticientífica de un mandatario?
Wuhan, para muchos borregos, era la clave para quienes buscan confundir, enfatizando argumentaciones en el deseo político, y al margen del rigor de la ciencia.
Como se estila en muchas naciones, en Estados Unidos existe una prensa y también otra, y mientras la primera se deja arrastrar por un mar de falsedades y especulaciones, la otra profundiza hasta entender lo que más se aproxima a la verdad.
Los políticos están facultados a entender y decir lo que entienden favorece sus intereses, pero cuando se nada en agua profunda, donde la ciencia es quien determina, se debe ser cuidadoso
Las precisas declaraciones de la inteligencia de Estados Unidos, donde señala que el coronavirus no es un virus o producto de laboratorio, deben poner a pensar, a quienes ya tenían crucificado a un culpable.



