Francisco Alberto, dos veces se creció en la historia
El lugar de origen carece de importancia, lo que sí debe tener un valor extraordinario, es la calidad del producto.
Y la caída del coronel Francisco Caamaño, líder militar de la insurrección de abril, que estalló en las primeras horas del 24 de ese mes, en 1965, así lo confirma.
Un soldado tallado en granito, se graduó de oficial con honores, al exponer el pellejo en los grandes combates, frente a un invasor cruel y despiadado, que incrédulo, observó como hacían trizas del ejército que Estados Unidos formó.
El coronel Francis Caamaño, unido a otros hombres de armas, se graduó de hombre y de soldado en la ciudad intramuros, donde la 82va división aerotransportada, encontró a militares decididos a casarse con la gloria.
Ya concluido el proceso de abril, en 1973 se produjo el desembarco del mismo hombre y un equipo de combatientes, en Caracoles, un extraño lugar, que entre Azua y San José de Ocoa, cayó prisionero el gigante de abril.
Naturalmente, desde antes de pisar suelo dominicano, la orden se había impartido: lo queremos muerto.
Hoy, la historia recuerda a un gigante de abril y héroe de Caracoles, forjado en un mundo extraño, donde para las autoridades, producir la muerte, constituía parte del diario vivir.



