REFLEXIONES: Invoquemos al Espíritu Santo
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola amigos, ¿qué tal? Ha llegado el día más importante de tu vida, el momento de entregar tu corazón a Dios, de despojarte del pecado y de todo lo que te pueda separar de Él, de abrirle la puerta de tu corazón, permitiendo que la acción del Espíritu Santo obre en ti.
Si tienes, enciende una vela o velón, si no, no te preocupes, recógete en silencio, concéntrate en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y eleva junto a mí esta oración.
“Hoy Padre te pido perdón, por intercesión de tu hijo Jesús y de la Santísima Virgen, tu madre, te entrego mi corazón y acudo a tu eterna misericordia para que me perdones y me ayudes a ser mejor persona, limpia mi corazón y mi alma y permite que el Espíritu Santo me inunde con su amor. “Yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya, bastará para sanarme.”
Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Espíritu Santo gracias por regalarme tus siete dones: don de sabiduría, don de entendimiento, don de consejo, don de fortaleza, don de ciencia, don de piedad, y don de temor de Dios, que mis acciones a partir de hoy estén regidas y guiadas por ellos. Amén.
Víctor Martínez te desea muchas bendiciones, un día de recogimiento, de amor, de paz, de felicidad que perdure por los siglos de los siglos.
Amén.
Hasta la próxima




