REFLEXIONES: “Tengo Covid Señor mío”.
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA

Hola amigos, ¿qué tal? “Tengo Covid Señor mío”, fue mi expresión cuando recibí los resultados de los análisis con una de las palabras que siempre había preferido en mi vida hasta ese día: “positivo”, primera vez que hubiese preferido el término negativo.
Es interesante vivir esta experiencia, el impacto, te quedas impresionado, no sabes que hacer y empiezas a contactar a cuantos médicos conoces, empiezan las opiniones, las recetas, los análisis por hacer y la gente que te quiere, a darte apoyo.
Empieza el terrible proceso, decidí quedarme callado y quienes se enteraron y me preguntaban, prefería decir siempre que estaba bien y se me había manifestado con una simple gripe, así no preocupaba ni a los míos, y mantenía una actitud adecuada para vencer la enfermedad.
Algunas noches sentía que el alma se desprendía de mi cuerpo, una sensación extraña, pero que me garantizaba que estaba llegando el fin, el cuerpo pesado, cansado, adolorido, adherido a la cama y el alma queriendo elevarse, gracias a Dios no me asusté, la experiencia me compenetró más con la presencia divina.
Un día dolía la cabeza, otro las taquicardias eran terribles, los mareos eran constantes, la congestión gripal era intensa y los temblores con fiebre interna acompañaban los momentos más sublimes, a veces deseé que me internaran, dolores ciáticos, dolores en el pecho y sensaciones extrañas.
Cada día traía sus peculiaridades, mientras, continuaba con mis conferencias y mis pacientes por zoom, mis mensajes de amor inspirados por el Espíritu Santo y dando apoyo a innumerables personas que, con problemas se comunican constantemente por WS.
Lo mejor del covid es vivirlo como una experiencia espiritual que te acerca más a Dios, que te recuerda que nacimos solos y nos vamos solos y sobre todo que cuando hemos fomentado niveles altos de espiritualidad, descubrimos cómo podemos vencer la muerte, la enfermedad, el mal, pues con la presencia de Dios todo es posible.
Víctor Martínez da gracias al Padre por tanto amor manifestado a través de sus ángeles terrenales, por darme la oportunidad una vez más de continuar sirviéndole a todos ustedes, sus hijos, y por el momento difícil que acabo de vivir que me ha hecho más humilde y consciente de que debo continuar amando al prójimo.
Señores, incluso, aprendí a amar la palabra “negativo”.
Hasta la próxima.




