REFLEXIONES: Un llamado a quienes predican el Evangelio.

 AYUDAME A SALVAR UNA VIDA Â
Hola amigos, ¿qué tal? El Evangelio de san Marcos 16 de hoy nos explica cómo Jesús se aparece a los apóstoles y los envÃa por el mundo a proclamar el Evangelio.
Deja bien claro que el que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea será condenado. Luego les reafirma que los que crean podrán echar demonios en su nombre, hablar lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán sus manos a los enfermos, y quedarán sanos, en fin, les dio la seguridad antes de subir al cielo y sentarse a la derecha del Padre, de todo lo que en su nombre podrÃan hacer.
Este es un privilegio no solo de los apóstoles, sino de todos los cristianos que decidamos vivir una vida como Dios manda y queramos contribuir con el reino de los cielos.
Por tanto, hermano que me escucha, VÃctor MartÃnez te pregunta si tu quieres anunciar esta buena nueva, de ser asÃ, debes hacerlo con obras que hagan creÃble el Evangelio.
Tienes que expulsar de ti los demonios del individualismo, del egoÃsmo, tienes que estar dispuesto a realizar obras que liberen de ideologÃas endemoniadas y pobrezas injustas que deshumanizan, destruyendo la dignidad humana, como nos lo dice la homilÃa de los dominicos.
El evangelio debes anunciarlo, igual seas sacerdote, pastor, ministro, diácono, seglar comprometido, con obras que den testimonio de tu verdadero amor por el prójimo y de que a ti no te envenena el odio, la violencia, el rechazo a los demás, tienes que demostrar como buen seguidor de Jesús que eres una persona optimista, que no se deja arrastrar por la negatividad de quienes te rodean tratando de desencantarte de tu misión evangelizadora.
Es hora de que quienes nos llamamos cristianos y predicamos la Palabra tengamos un nuevo lenguaje del amor que contribuya con la buena convivencia entre los hermanos, parando la violencia, enfrentando la prepotencia de algunos polÃticos mentirosos y poderosos.
Atrévete a tomar en tus manos las serpientes de la mentira, el soborno, la corrupción, la murmuración que tanto dañan a los demás.
Llegó el momento, mis queridos hermanos, de reconocer los poderes liberadores del Evangelio y entender que el Señor actuará con nosotros para destruir lo que amenaza y mata la vida.
Vamos a levantarnos y a crecer en la fe y el amor, acompañando con esperanza a los más débiles.
Hasta la próxima.




