REFLEXIONES: Lo bueno del desprendimiento
 AYUDAME A SALVAR UNA VIDAÂ

Hola amigos, ¿qué tal? Todos hemos sufrido el fenómeno del desprendimiento. De niño perdà a mi mejor amiguito, se fue fuera a vivir y jamás supe de él, que duro me dio, recuerdo la pérdida de aquella novia con quien me querÃa casar, pensaba que era la que me harÃa feliz, pero después de muchos años a mi lado, encontró mejor versión, ¡cuánto me lastimó! Se me murió mi mejor amiga en un accidente, cuando era adolescente.
Recuerdo haber perdido mi colegio, pues siendo el mejor en comportamiento, el más colaborador, el que se metÃa en los barrios marginados con los hermanos religiosos a trabajar todos los fines de semana, a pesar de todo esto, para ellos era más importante lo académico, me botaron humillándome incluso, porque se me quedaron dos materias.
Recuerdo haber perdido tantas cosas, mi empresa, mi pareja, de las que no debo hablar por delicadeza, en algunas podrÃamos decir que el destino me jugó sucio, en otras asumo mis responsabilidades, como buen cristiano que pretendo ser.
Los desprendimientos por mas pequeños que sean, son duros, por ejemplo, el de mi perrito y mi mono, sin embargo, todos se pueden superar.
Perder por muerte a un ser muy querido, a tu pareja, a tus padres, un hijo, no tiene comentarios, duele, pero duele profundamente hasta lo más Ãntimo de tu ser, es desgarrador.
Pienso que muchos hemos aprendido a practicar el desprendimiento a raÃz de la pandemia y esto ha provocado acciones tan sencillas, como la limpieza de los closets y otras dependencias del hogar.
Tantos zapatos y ropa, ¿para qué?, ya no hay donde lucir prendas, hay quienes han tenido problemas hasta para volver a usar zapatos.
Los viajes de placer, los cruceros, las bodas, fiestas, los 15 años, todo ha mermado y aunque pensemos que todo volverá a la normalidad, jamás las cosas serán iguales, hemos recibido una gran lección de vida, que nos ha enseñado que lo material no es lo más importante y que estamos en este mundo de paso, pues no sabemos si mañana nos tocará partir.
Es hora de trabajar el desprendimiento, dando su justo lugar al Señor y de empezar a valorar con mucho amor las pequeñas cosas, la sencillez y la humildad.
Hasta la próxima.




