AYUDAME A SALVAR UNA VIDAÂ
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
Una mañana muy frÃa, como siempre, subo a mi autobús después de caminar 4 kilómetros y bajar mis acostumbradas ciento veinte escalones, para llegar a la parada. (Es este uno de los momentos en los que hago el Rosario y voy poniendo en oración a cada uno de los Miembros de mi Comunidad de Amor).
Ya sentado, se sienta frente a mà una viejita como de 87 años, con el pelo pelirrojo y muy blanca, que apenas se podÃa sostener. La miro fijamente y recuerdo a mi adorada madre que, aunque no se parece en nada, sus ojos con aquella mirada profunda y huidiza me la recordaron.
Pensé… cuánto me gustarÃa regalarle una estampilla de la Virgen de la Altagracia que tengo en mi cartera, pero no me atrevÃ, aquà la religión es un tema.
Me entretengo con el celular y de un momento a otro al levantar la mirada noto que ya mi viejita se acababa de bajar en la parada, fue entonces cuando me percaté que ella habÃa dejado la cartera en el asiento, la tomo, me paro y sin saber cómo hablarle al chofer quien no va a entender ni un carajo, decido mejor desmontarme en la siguiente parada con mi cartera en la mano.
Al bajar, empiezo a trotar hacia la parada anterior, algo sofocado y con mis dolores de rodillas, congelado por el frÃo, pero logro llegar. (¿Saben algo?, se me ocurrió poner la estampilla de la Virgen, dentro del bolso).
Para mi sorpresa una viejita de 87 años gemÃa entre sollozos, sentada en la parada, (me imaginé que al notar que no estaba su cartera), fue cuando la levanté mostrándosela, su gran sonrisa iluminó mi rostro, palabras que jamás sabré cuáles serÃan llovÃan sobre mà y Allah Bereket Versin (Que Dios te bendiga) era repetido innumerables veces, cuántas bendiciones he recibido hoy, pensé. (He aquà un ejemplo más del lenguaje del amor).
Me retiré sintiéndome bendecido y acongojado, tomé de nuevo mi próximo autobús, mientras oraba en mi interior dándole gracias a Dios por la oportunidad que siempre me brinda de poderle servir a través del prójimo.
Esto sucedió el pasado martes 11 de febrero, hermosa oportunidad de empezar a celebrar el dÃa del amor.
Dios bendiga a los tantos ancianos que andan por el mundo, olvidándose incluso, de saber quiénes son.
Hermanos, también asÃ, se predica la Palabra de Dios.
Gracias a Karla Marie GarcÃa por su apoyo para que este mensaje llegue hasta todos ustedes.
Hasta la próxima.



