¿Escándalo o tragedia? El pan nuestro de cada día en RD
¡Cógelo, Picante! El show de la Faraona parece una cortina de humo para desviar la atención de la creciente inseguridad que sacude al país.

Buenos días…
Vivimos bajo el gobierno del escándalo permanente y de tragedias cotidianas. Cada amanecer nos sorprende -o más bien ya no- con un nuevo caso indignante, un nuevo episodio de ineficiencia, violencia, corrupción o abandono.
Los hospitales del país están sumidos en un abandono vergonzoso. No hay medicamentos, el personal está desbordado, y la atención se degrada día tras día. Las quejas de los ciudadanos se multiplican, mientras el Estado permanece indiferente. Lo que debería ser un derecho humano básico se ha convertido en una pesadilla para miles de ciudadanos.
Los colmados y supermercados parecen más una escena de horror económico que un centro de abastecimiento. Las alzas de precios son incontrolables. Ya ni se puede comparar con la famosa “casa del terror” de los tiempos de Hipólito Mejía, porque hoy, lo superamos. Y con creces. Ahora debe llamarse «casa del infierno».
El presidente Luis Abinader ha superado, incluso, al propio Hipólito en materia de fracasos. Quien fuera motivo de burla por su gestión, ahora puede dormir tranquilo: el actual gobierno ha hecho que muchos lo recuerden con nostalgia. ¡Vaya ironía!
Cuatro años y nueve meses de préstamos sin freno, corrupción rampante y promesas rotas. El país está siendo hipotecado y, sin embargo, no hay una sola obra emblemática que exhibir. ¿Dónde están los resultados? ¿Dónde está la eficiencia?
Y mientras todo se desmorona, hay quienes intentan desviar la atención con “shows mediáticos”. La «faraona» Faride Raful se ha convertido en la protagonista de un nuevo espectáculo: un circo de escándalos digitales que solo sirve para entretener al público, mientras el país se hunde en una alarmante inseguridad.
No es coincidencia. Es estrategia. En vez de fiscalización y propuestas, nos venden farándula política con aspiraciones virales.
La delincuencia no duerme. Los abusos policiales no cesan. Los ciudadanos viven atemorizados. Las calles no son seguras ni de día ni de noche, y el Estado, que debería garantizar la tranquilidad, parece haber entregado esa función al azar.
Mientras tanto, una parte del aparato comunicacional ha sido cooptada. Comunicadores disfrazados de periodistas repiten guiones, manipulan la opinión y camuflan la verdad. Los medios digitales se han convertido en tierra sin ley, sin ética, y sin regulación. Y el Colegio de Periodistas, en silencio sepulcral. ¿Dónde está el compromiso con la verdad?![]()
Alguien nos preguntó: ¿Qué significa ser un estadista? Ser estadista no es simplemente llegar a la Presidencia ni limitarse a cumplir promesas. Es gobernar con visión de largo plazo, con principios firmes, con altura moral. Un estadista no improvisa, no manipula, no traiciona la confianza del pueblo. No dice hoy una cosa y mañana hace lo contrario. Un verdadero estadista honra su palabra con hechos y piensa en el bien común más allá del próximo ciclo electoral.
La diputada Carmen Ligia Barceló condenó la invasión a la vida privada, pero falló al decir que esa defensa aplica “especialmente” a mujeres y funcionarios públicos. No, diputada: la dignidad es universal, y los medios no deben ser instrumentos para blindar a los poderosos, sino herramientas para desenmascarar la corrupción, venga de donde venga.
Y si quiere abogar por lo justo, le invitamos a también alzar la voz por los altos precios de los alimentos, los medicamentos, la tarifa eléctrica y los combustibles. Porque, mientras usted habla de dignidad, el pueblo sobrevive en la indigencia.
El gasto absurdo e impuesto abusivo. Y como si todo lo que está pasando esto fuera poco, ahora el Ministerio de Relaciones Exteriores prepara, o tiene en marcha, una licitación para comprar más de 3 mil chacabanas, por más de 18 millones de pesos. ¡Qué vergüenza! Mientras tanto, el gobierno impone de forma ilegal un nuevo impuesto del 2% a las ventas realizadas con tarjetas. Una medida regresiva, injusta y desesperada.
Oportunismo disfrazado de respaldo. Ahora aparece un grupo desconocido, llamado “Camino Nuevo”, que intenta colgarse de la figura de Omar Fernández, sin su consentimiento. Una jugada política rastrera que no honra ni la democracia ni la decencia.
Despertamos o nos hundimos. República Dominicana se encuentra en un momento crítico. No es tiempo de shows, ni de promesas vacías. Es momento de asumir responsabilidades, de exigir cuentas, de defender la verdad, y de enfrentar al poder cuando se divorcia del pueblo. El silencio es complicidad. Y la resignación, un lujo que ya no podemos darnos.



