Vecinos de Los Pabellones en Pedro Brand viven entre el terror de las bandas y el miedo a la Policía
Pandilleros se disputan puntos de drogas; un tal "Brigao” es el monstruo de ese vecindario

PEDRO BRAND, Santo Domingo, R.D.
En Los Pabellones, un populoso sector del municipio de Pedro Brand, en la provincia de Santo Domingo, la gente vive en zozobra, insegura hasta dentro de su casa, aterrorizada por los delincuentes y temerosa de la Policía.
Desde hace años, dos pandillas controlan la venta y distribución de estupefacientes en este suburbio.
Una de esas pandillas está dirigida por un elemento conocido como «Calingo», quien, según dicen, nació y creció en este lugar, al igual que los hombres y mujeres que integran su banda, dedicada exclusivamente al microtráfico.
El otro líder criminal es «Brigao», quien, al igual que los miembros de su pandilla, llegó al sector proveniente de «La 42», del ensanche Capotillo, en el Distrito Nacional.
Algunos vecinos describen a «Brigao» como un individuo despiadado, sin escrúpulos, que mete terror y vive amenazando a los comunitarios.
Por su parte, «Calingo» es considerado menos violento y más respetuoso con los lugareños. Se dice que visita el sector de manera esporádica, pero sus «tropas» siempre están activas.
Ambas pandillas están armadas con pistolas, revólveres y escopetas. En varias ocasiones han tenido enfrentamientos a tiros, aunque sin víctimas mortales, pero sí con heridos.
Un residente, aunque con temor, comenta que entre «Calingo» y «Brigao» existe un abismo. No se pueden ni ver en pintura.
De acuerdo con comunitarios, a pesar de que ambos son los principales líderes del microtráfico en el sector, los miembros de sus bandas se “santean” mutuamente, tanto a la Policía como a la DNCD.
De acuerdo con un lugareño, en los últimos meses el barrio ha visto un aumento en la venta de drogas, «y hasta están más baratas». Es decir, los estupefacientes han bajado de precio.
Todo el que entra al barrio Los Pabellones es vigilado celosamente por miembros de ambas pandillas, especialmente por los hombres de «Brigao».
«Cuando aquí llega cualquier vehículo, lo vigilan paso a paso», relata un comunitario que conversó con un periodista de RI que visitó el lugar.
«Mire, no haga ningún movimiento extraño, ni sospechoso, mantenga la calma y hablemos de mujeres. Esos dos tipos que vienen ahí lo están vigilando», añadió el vecino, narrando lo difícil que se está volviendo la vida en esa comunidad.
Al entrar a Los Pabellones, tuvimos que apagar los teléfonos celulares y no hacer ningún movimiento que pudiera llamar la atención, ya que dos individuos estaban pendientes de nuestros movimientos.

«Calingo es un muchacho que no se mete con nadie, vive en La Pradera (otro sector de Pedro Brand), aunque es dueño de varios apartamentos», comentó un vecino, quien dijo conocer a este micro traficante desde que era niño.
Según las fuentes, la madre de «Calingo» fue la fundadora del primer punto de drogas en el sector, que ha pasado de mano en mano hasta ser heredado por uno de sus hijos.
«Brigao» reside en el Pabellón No. 6 y controla prácticamente todo el negocio de las drogas en Pedro Brand. Se autodenomina un «monstruo» y ha advertido que «Calingo» y su grupo tendrán que abandonar la zona.
Lo más peligroso
Los residentes de Los Pabellones no saben qué hacer. Viven inseguros, temerosos de los bandidos y también de la Policía.
Confiesan que, cuando la Policía actúa en la barriada, los pandilleros se refugian en las casas de los lugareños, armados y llevándose sus drogas y dinero, y mantienen a la comunidad aterrorizada, incluso encañonando a los niños para evitar que revelen sus escondites.
Algunos aseguran que los agentes policiales hacen un «papelazo», persiguiendo a los pandilleros, pero arrestando a ciudadanos que no tienen nada que ver con el tráfico de drogas.
Sin embargo, lo que más temen los comunitarios es que, después de la salida de la Policía, «Brigao» y su pandilla visitan las viviendas para amenazar a los residentes, obligándolos a guardar silencio, advirtiéndole que tendrán problemas por no permitir que los delincuentes perseguidos por la Policía se refugien en sus casas.
Los vecinos confiesan que no saben qué hacer, pues no confían en los policías, ya que muchos aseguran que estos «cobran peaje».
Además, algunas personas han tenido que mudarse por haber dado información a las autoridades y luego ser delatadas por los propios agentes.
«Esto es palo si boga y palo si no boga», dice otro residente, agregando que es mejor callar y soportar las humillaciones de los pandilleros y no ser delatado por los policías.



