Abril de 1992, Rodney King, en Los Ángeles…
Junio de 2025, ahora son los migrantes

El Estado de California suele sacudir, cada cierto tiempo, los cimientos de la Unión Americana.
Aunque las tensiones migratorias y los abusos policiales no son nuevos, la herencia de políticas represivas impulsadas durante la administración de Donald Trump ha desbordado la capacidad de respuesta de las autoridades estatales, especialmente del gobernador demócrata.
En 1992, la indignación estalló en Los Ángeles tras la brutal golpiza que recibió Rodney King por parte de agentes de policía. Aunque la acusación formal contra King fue por conducir bajo los efectos del alcohol y huir de la policía, lo que realmente encendió la mecha fue la violencia desproporcionada con que fue tratado.
Las imágenes de los golpes y macanazos que le propinaron recorrieron el país, generando una oleada de protestas sin precedentes.
Hoy, en junio de 2025, Los Ángeles vuelve a ser el epicentro de la agitación social, esta vez por una nueva crisis migratoria. El envío de la Guardia Nacional —sin haber sido solicitado por el gobernador— ha exacerbado las tensiones. La medida ha sido percibida como un acto autoritario, que recuerda épocas pasadas de represión.
Un factor clave en esta nueva ola de protestas es la reacción de numerosos pequeños empresarios, muchos de ellos latinos o estrechamente vinculados a comunidades migrantes, que han salido a las calles en defensa de sus trabajadores.
California, por su proximidad con México, alberga uno de los mayores porcentajes de población latina del país. Es la puerta de entrada para migrantes centroamericanos y de otras regiones que buscan una vida mejor en Estados Unidos.
En este contexto, las redadas masivas llevadas a cabo por ICE en distintos estados —incluidos Nueva York, California y Puerto Rico— han generado indignación. En algunos casos, incluso ciudadanos estadounidenses han sido detenidos por error, reflejando el caos y la discriminación que persisten en el sistema migratorio.
Los Ángeles, una vez más, revela una cara incómoda del país: la persistencia del racismo estructural, la represión estatal y la lucha constante de las comunidades migrantes por dignidad y justicia.



