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Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

Los abuelos no se olvidanEl año pasado sentado en la Plaza de la Salud me encontré con el hijo de un exalumno, gran amigo, perteneciente a una honorable familia de Dominicana muy queridos, quienes en verdad me han acogido como parte de ellos, por todo el amor y apoyo que siempre me han brindado.

La expresión de ese joven que andaba con su esposa fue: “Víctor Martinez el amigo quien siempre ha estado en las buenas y en las malas con la familia, sobre todo en los momentos difíciles”, sentí mucha alegría al verlo, pero aún más, confieso que me sentí orgulloso al ver que, de los tantos hogares en los que sembré la semilla de la paz y el amor de Dios, de vez en cuando alguien te recuerda y reconoce.

Ahí me di cuenta de que, el reconocimiento por más humilde que seamos, siempre anima, fortalece la autoestima y motiva a seguir sirviendo.

Aún trabajemos para el Señor, para glorificarlo y mostrar que no somos nosotros quienes hacemos las grandes obras, sino Él, quien nos utiliza y a través de nosotros siembra, contesta, habla, sana, guía, ayuda, de vez en cuando necesitamos una palmadita en la espalda.

Siempre he dicho que Dios no trabaja directamente, que Él se vale de sus hijos amados y predilectos, quienes son parte de su equipo para llegar al prójimo y va a responder a nuestras súplicas, ruegos, oraciones, peticiones, a través de la naturaleza, de alguien que se te acercará en el momento preciso, enviado por él, del mensaje que te llega por las redes, de lo que escuchas al encender el radio o TV…

Cuando tus niveles de espiritualidad están muy elevados por ser tu una persona de intensa y perseverante oración, que te ha propuesto actuar conforme a lo que Dios manda, servirle, amar al prójimo, trabajar para glorificarlo, convirtiéndote casi en uno de sus apóstoles, entonces empiezan las revelaciones divinas, incluso a través de los sueños.

De la misma manera cada vez que, alguien te escribe unas bonitas y alentadoras palabras, te bendice, te apoya, muestra respeto a tu trabajo, lo valora, sientes al mismo Dios manifestarse a través de esos gestos de amor.

Hoy, doy gracias a Dios por quienes me siguen, me bendicen, me apoyan y como buenos amigos, hermanos, conocen mis defectos, carencias, pero me aman de igual manera y me han ayudado en mi crecimiento espiritual y el fiel cumplimiento de esta misión.

Sinceramente orar cinco veces al día es poco, para pedir por ustedes y pedirle a Dios bendecir hasta a quienes leen nuestros Mensajes de Amor inspirados por el Espíritu Santo.

Este mensaje ha llegado hasta todos ustedes gracias al apoyo brindado por nuestra hermana Socorro Marmolejos.

Hasta la próxima.

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