La muerte acecha entre Luca Díaz y Baní

Por Augusto Álvarez
Afirmar que el tramo comprendido entre el puente de Luca Díaz y Baní -divisoria entre las provincias de San Cristóbal y Peravia- es el corredor de la muerte no es exageración.
Lo dicen los comunitarios y lo confirman los hechos: 16.5 kilómetros donde la vida pende de un hilo, donde la vida no vale nada.
A ambos lados de esta vía del Sur, poblada por pequeñas comunidades a lo largo de la carretera Sánchez, no existe un solo cruce peatonal. Solo en Paya se observa uno, y llega tarde.
El primer gran riesgo aparece en Santana, a unos 15 kilómetros del centro de la provincia Peravia.
Luego viene el cementerio, sin cruces, en la entrada de Pizarretes, donde ya varios han perdido la vida.
¿Saben cuántas comunidades dependen del cruce de Pizarretes? Demasiadas… y ninguna protegida.
Antes de llegar a Paya está Catalina, entrada obligada a múltiples rincones del municipio. Y aun así, ni señales ni puentes, solo velocidad y peligro.
Cuando finalmente aparece Paya, el único puente peatonal surge justo antes del pueblo, pero la crisis vial se agrava: está la universidad, la fortaleza policial y un supermercado. Ahí, la muerte no descansa; espera.
La pregunta es obligatoria y brutal: ¿Qué le interesa al Estado: generar víctimas o prevenirlas?
El Ministerio de Obras Públicas debe dar un paso al frente. Cada día que pasa sin soluciones, la vida de trabajadores, estudiantes y comunitarios sigue expuesta en una de las vías más transitadas y desprotegidas del sur del país.
Aquí no faltan diagnósticos. Falta voluntad.



