Cuando se pierde la Moral y Cívica, se pierde la patria
Sin Moral y Cívica no hay futuro: el grito que la educación no quiere oír


Es de alto interés y prioridad nacional que el Ministerio de Educación implemente de manera formal y obligatoria la asignatura de Moral y Cívica en las escuelas públicas del país.
Resulta calamitoso y vergonzoso el nivel de deterioro que hoy exhibe nuestro cuerpo social, especialmente en niños, niñas y adolescentes, llamados a ser el relevo generacional y el futuro de la República Dominicana.
Este no es un llamado al retroceso ni a la nostalgia. Es, sencillamente, una expresión de preocupación ante la conducta y el comportamiento de una gran parte de nuestros jóvenes, que evidencia una alarmante carencia de valores cívicos y morales.
Es cierto que existen fallas, descuidos y quiebres en el entorno familiar; muchos hogares atraviesan profundas crisis. Sin embargo, la escuela también cumple un rol fundamental en la formación integral del ser humano, y no puede eludir esa responsabilidad.
Además, la calidad de nuestra educación inicial y secundaria muestra deficiencias evidentes. En muchos casos, nuestros bachilleres no poseen el nivel de formación académica que se observaba en generaciones anteriores, pese a contar hoy con múltiples herramientas tecnológicas que podrían enriquecer su desarrollo intelectual.
Recientemente fui impactado durante una visita a Azua, en comisión, para verificar la situación real de una casa abandonada perteneciente a la distinguida madre del expresidente Antonio Guzmán, la ya fallecida doña Jimena Fernández de Castro viuda Guzmán.
Dos damas de reconocida trayectoria no pudieron contener las lágrimas al ver aquella vivienda de madera, con décadas de abandono, llena de cartón, zinc y basura en pleno centro histórico de Azua.
Me refiero a doña Sonia Morales, exsecretaria personal del doctor José Francisco Peña Gómez, y a la licenciada Sarah Báez, dirigente social de Baní.
Al concluir una rueda de prensa en la que se resaltaba la figura de don Antonio Guzmán, ambas fueron abordadas por una joven bachiller azuana, quien pronto ingresará a la universidad para estudiar Educación, y que preguntó con total desconcierto:
—“Señora, ¿y quién era Antonio Guzmán?”
Quedamos sorprendidos. Pero esa escena resume con crudeza el estado actual de la educación cívica, moral y el irrespeto a nuestros héroes y a nuestro pasado histórico.
Señor presidente Luis Abinader, sin escándalos ni alarmismos: así se encuentra hoy la educación en la República Dominicana, pese a los miles de millones de pesos que se invierten —y muchas veces se despilfarran— en ese sector.



