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Haitianos indocumentados: redadas, dinero y silencio

Por Augusto Álvarez

Conforme al último censo de población y familias, cabe preguntarse: ¿sabemos quiénes son y cuántos son “los otros”?

La masa flotante de extranjeros, en especial de haitianos en condición de indigencia, se ha convertido en un gran negocio, cuyos beneficiarios por excelencia son hombres armados y estructuras que operan al margen de la transparencia.

Las redadas de Migración contra los haitianos se ejecutan con precisión quirúrgica en las barriadas populares y, aunque muchos se resistan a aceptarlo, también en zonas residenciales, donde una parte importante de esta población se encuentra residiendo.

Pero surge una pregunta clave: ¿a dónde son conducidos los apresados por los agentes de Migración? Desde el recinto de concentración en Haina, oficialmente son enviados a Haití, con escalas en cuarteles policiales y militares, desde donde —al menos en los informes— se reporta su entrega a las autoridades del vecino país.

La realidad, sin embargo, parece ser otra. En cuarteles del interior, y también del Gran Santo Domingo, muchos haitianos apresados en redadas nunca llegan a Migración. Con ellos, según denuncias reiteradas, se concretan negocios redondos.

Este medio digital recibe a diario testimonios que señalan que numerosos extranjeros son detenidos y, tras el pago de sumas que oscilan entre los 10 mil y hasta 25 mil pesos por parte de familiares, regresan al mismo lugar donde fueron apresados, como si nada hubiese ocurrido.

Quienes corren con menos suerte son trasladados a cuarteles cercanos a la frontera, donde se les concede tiempo para que sus parientes reúnan el dinero exigido. Una vez pagado, también regresan al punto de origen, cerrando así un ciclo perverso que se repite una y otra vez.

En zonas residenciales, donde actúan tanto Migración como la Policía —aunque de forma separada—, los haitianos son detenidos en redadas. Algunos son llevados al vacacional de Haina; otros, con mayor fortuna, son auxiliados por familiares o amigos que, de acuerdo con las denuncias, pagan fianzas extrajudiciales y logran su liberación.

Esto ocurre con frecuencia en determinados residenciales. La pregunta sigue siendo inevitable: ¿quién garantiza que realmente lleguen a Haití?

En Azua y Baní, la estadía de los indocumentados, tras ser apresados, dependerá, en gran medida, de sus ahorros, especialmente cuando son llevados a “La Fortaleza”.

Ante las primeras redadas migratorias, las incursiones en hospitales y las acciones contra parturientas, vale preguntarse: ¿qué hay realmente de nuevo en este viejo y lucrativo negocio que implica apresar indocumentados?

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