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¡Anjá! Cuando el dinero habla, la publicidad tiembla

Rumores, silencios caros y quienes quieren que Trump mire hacia Miches

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Más temprano que tarde, y sin mareos, Homero Figueroa tendrá que dar la cara y explicarle al país cómo, a quiénes y bajo qué criterios se distribuyeron más de 15 mil millones de pesos en publicidad oficial.

Eso, claro, si de verdad existe transparencia, si la impunidad no es selectiva y si el Ministerio Público es tan independiente como se anuncia. Porque del discurso a los hechos… hay un abismo.Cada vez que ciertos funcionarios del Gobierno y dirigentes del PRM escuchan la palabra droga, se les nota el sudor frío. Camisa de once varas, y sin botones. Por tanto, es mejor callao que hablando.En los hechos —guste o no— el único que ha enfrentado de frente el narcotráfico en los últimos años se llama Donald Trump. Hablamos de narcotráfico, no de politiquería. Píquele a quien le pique.Si el presidente Luis Abinader quisiera enfrentar ese monstruo como corresponde, ya habría entregado a varios reclamados por la justicia estadounidense, entre ellos narcotraficantes y figuras con conexiones políticas. Pero de ese tema mejor no tocar la tecla, que quema.Y preguntamos, porque preguntar no es delito: ¿A quién fue que Micky López, el vegano, dijo haber entregado unos 50 millones de pesos durante la pasada campaña electoral? El silencio no aclara nada. Al contrario.Dentro del PRM se cocina otra movida: un sector con poder busca una salida “diplomática” para el caso Santiago Hazim. Traducido al español: que se vaya tranquilo para su casa, sin escándalo, sin grillete y sin consecuencias. El libreto ya lo conocemos.Curioso, porque gritaron hasta quedarse afónicos con Odebrecht, mencionaron nombres, señalaron culpas… Pero en el caso SENASA, la historia es peor: no están todos los que son, ni son todos los que están. Faltan nombres grandes. Muy grandes. Y la Procuraduría, una vez más, mira para otro lado.Solo en un país huérfano de autoridad real pasa lo de Arroyo Hondo: cientos de medicamentos, algunos carísimos y otros controlados, tirados como basura en un matorral. Eso no lo hace cualquiera. Eso lo hace alguien que se siente intocable. Una vergüenza nacional… y sin consecuencias.Mientras tanto, los guardias de la frontera dominico-haitiana, con ojos de águila, deberían frenar el tráfico de ilegales y otras cositas que van y vienen. Porque lo cierto es que esa frontera está haciendo millonarios a dominicanos y haitianos por igual. Para eso sí se ponen de acuerdo.

Y hablando de Haití:  quedó cojo y sin cabeza el caso de la red que vendía municiones de la Policía Nacional dominicana a bandas criminales haitianas. También quedó cojo y sin responsables el asesinato de cinco jóvenes en La Barranquita, Santiago.

El director de la Policía dijo que hubo enfrentamiento. Un informe oficial reveló después que ninguno disparó. Eso no es confusión: eso es una ejecución colectiva. Y ese crimen —para la historia— carga sobre los hombros del PRM y su Gobierno.

Trump, por cierto, tiene a muchos “leones” mansitos con sus aranceles. Algunos que se creían intocables hoy hablan bajito. Y otros políticos, en distintos países, andan con el pecho encogido por viejos vínculos con empresarios del bajo mundo. El águila observa, calcula… y cuando baja, no falla.

La gente es chismosa, sí. Dicen que Danilo Medina, luego de reunirse con el guapo de Gurabo, recuperó el ánimo y volvió a creerse la última Coca-Cola del desierto. Ambos expertos en dividir y sobrevivir.

No nos escriban en privado pidiendo favores para que Trump se entere. El presidente estadounidense no está para chismes. Si hay que mirar inversiones grandes en Miches, escríbanle a la Embajada de Estados Unidos en República Dominicana. Ahí hay ojos de lince… y mano firme.Al cierre: El doctor Plinio De Oleo quiere reunirse con la plana mayor de ¡Cógelo, Picante! para hablar del atolladero interno que —según le han informado— existe dentro de la Policía Nacional. Coincide al cien por ciento en algo grave: la reforma policial del presidente Abinader está empantanada, sin dolientes, sin defensores y sin rumbo.

Y así seguimos… entre silencios caros, verdades incómodas y un “todo está bien” que solo existe en los discursos.

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