Cruz Cruz, impulsado por un hermano del presidente, suena con fuerza para dirigir la PN
Patinetas, poder y desorden: autoridades fuera de foco, abusos denunciados y un país donde lo urgente siempre estorba

Buenos días.
Circulan denuncias —serias, insistentes— sobre policías municipales y nacionales en Santo Domingo Este, maltratando a adolescentes que se desplazan en patinetas eléctricas.
Si eso se confirma, la responsabilidad política no flotará en el aire, aterrizará directo sobre el despacho del alcalde Dío Astacio. Porque mientras las calles siguen llenas de hoyos, la basura se amontona, los filtrantes colapsan y las aceras continúan secuestradas por obstáculos y negocios, desde la Alcaldía parece haberse declarado una cruzada contra las patinetas. Prioridades torcidas.
Un jovencito lo resume sin discursos: va y vuelve del trabajo en patineta, ahorra 70 pesos diarios, recorre unos 12 kilómetros y gana algo más que dinero: seguridad. Antes, sin patineta ni pasaje, caminaba con miedo a ser asaltado. Eso también es realidad urbana. ¿Se oye, Dío Astacio? No es perversidad pedir orden. Lo perverso es ignorar la vida diaria de la gente.

La política, compay… se está poniendo sabrosa, interesante y hasta tragicómica. Por ejemplo, en Azua, durante un acto encabezado por Wellington Arnaud, el alcalde de allí se “chipoteó” y mencionó a Leonel Fernández cuando pretendía referirse a Luis Abinader. El desliz no cayó bien en las filas del PRM. La lengua también hace oposición.
Seguimos. La Circunvalación de Baní ya carga un apodo sin gloria: “la Autopista de la Muerte”. No por segura, sino por todo lo contrario: escasa iluminación, apenas dos carriles y prácticamente cero seguridad vial. Una obra que avanza, pero no protege.
Desde San Ignacio de Sabaneta, en Santiago Rodríguez, llegan quejas graves: ríos del municipio estarían siendo depredados, mientras Medio Ambiente mira hacia otro lado, según denuncian comunitarios. Y si la memoria no falla: fue allí donde la Policía apresó —junto a otros— a un regidor de la Fuerza del Pueblo que, apoyado por residentes, bloqueó camiones cargados de material extraído de un río.
La postal es incómoda: se detiene al defensor y el río sigue sangrando. ¿Ese es el cambio? ¿Esa es la reforma policial?
Y hablando de Policía, suena fuerte —muy fuerte— que el presidente Luis Abinader se habría inclinado por el general Andrés Cruz Cruz para dirigir la institución, con posible designación antes del 27 de febrero.
También se comenta, en corrillos políticos, un pulso interno por esa decisión. Lo cierto es que los nombres que suenan generan más dudas que tranquilidad. La Policía atraviesa una crisis profunda de credibilidad, plagada de escándalos.
Lo que se comenta en corrillos políticos es que José Abinader, principal promotor del general Cruz Cruz, habría logrado imponerse frente a otras voces influyentes del entorno presidencial —incluida la madre del mandatario, doña Sula Coronado, y su hermana Rita— quienes, según esas mismas versiones, respaldan al general Guzmán Badías.
¿Presidente, y eso es verdad? Bueno, cuando el río suena, agua trae. Pero, ¿y la Policía es tratada como una empresa familiar?
Y recuerde, presidente, los resultados de la auditoría realizada al Hospital de la Policía Nacional durante la gestión del entonces coronel Cruz Cruz, hoy general Cruz Cruz. En ese informe oficial se detectaron irregularidades de montos millonarios, debidamente consignadas.
Auditoría a Hospital de la Policía Nacional
Informe de resultado de auditoria realizada en el Hospital General Docente P.N.
Presidente Abinader, la pregunta es inevitable: ¿su gobierno premia lo mal hecho o simplemente mira hacia otro lado? ¿Dónde queda la transparencia que se proclama en los discursos?
La Policía Nacional —hay que reiterarlo— no soporta otro director bajo sombra de cuestionamientos. No se trata de rumores, sino de un documento de auditoría existente, que habla por sí solo. El país necesita certezas, no más dudas.
Ah, presidente, y ya que se habla de rigor y transparencia, investigue qué funciones cumplía el general Cruz Cruz en la Universidad O&M después del mediodía de ayer miércoles, y en calidad de qué sostenía encuentros con el rector de esa institución. Eso, según oficiales cercanos al propio brigadier, que no saben callar y hacen daño sin querer.
No es acusación; es pregunta legítima. Cuando se aspira a dirigir una institución en crisis, todo debe estar claro, documentado y explicado. Investigar no mancha; ocultar sí.
Presidente: pida perfiles, revise trayectorias, contraste versiones. El país no aguanta otro error en un puesto tan sensible. Avanzar como cangrejo no es progreso.
Sí, apoyamos que haya guerra abierta contra la corrupción, venga de donde venga. Ayer, hoy o anteayer, quien robó, que responda ante la justicia. Sin apellidos, sin excusas.
Pero seamos honestos, y duele decirlo. El país sigue sin un Ministerio Público verdaderamente independiente. Uno que actúe como defensor de la sociedad y no como extensión política del gobierno de turno. Si alguien puede demostrar lo contrario, que levante la mano.
Mientras tanto, los pollos blancos, aunque nativos, siguen caros y escasos, y algunos productores se pasean con aires de importancia. El bolsillo popular no aplaude arrogancias.
En SENASA, la cosa tampoco pinta bien, pese a los coros oficiales. Hay quejas, retrasos y malestar, mientras “bocinas” repiten que todo marcha de maravilla. Pero, recuerden, la propaganda no cura ni autoriza.
Una buena noticia —con asterisco—: el 24 de febrero se anuncia la entrada en operación del Metro, desde Los Alcarrizos hasta el kilómetro 9 de la Duarte. El presidente lo confirmó. Pero ojo, el Codia aún no certifica la obra. Y sin certificación, no hay celebración completa.
Este jueves a las 10:00 a. m., los agrónomos marcharán del Parque Independencia al Palacio Nacional. Desde el poder se insiste en que la protesta “obstaculizará el tránsito”. Curioso país, pues cuando la gente reclama, el problema nunca es la causa, sino el tapón.
Y para cerrar, tensión en Los Mina, Santo Domingo Este. Tras el asesinato de un adolescente de 14 años, la comunidad haitiana de la zona vive momentos de angustia, entre miedo, estigmatización y advertencias de desalojo. Aquí hay que ser firmes con el crimen, sí, pero responsables con la convivencia. La justicia no puede convertirse en castigo colectivo.
Así va el país: ruido, denuncias, verdades incómodas y silencios peligrosos.
Seguimos mirando. Seguimos diciendo. Aunque pique.



