Decreto amargo, errores que pesan y nervios que delatan
El águila fija la mirada en Santiago, pasa lupa por el Centro de los Héroes y se posa sobre la PN; hay terror, pánico… y brote diarreico

Buenos días…
El decreto 520-24 apunta a convertirse en un recuerdo incómodo para el presidente Luis Abinader. Para muchos observadores críticos, representa su segundo gran traspié político.
El primero —ampliamente comentado— fue el uso, durante la campaña, de un helicóptero que nunca debió utilizar, aeronave que posteriormente fue incautada por las autoridades judiciales, al alegarse que habría sido adquirida con fondos de origen ilícito. Un episodio que dejó ruido, sospechas y explicaciones pendientes.
El segundo error fue la emisión de un decreto que otorgó la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella, en el Grado de Gran Caballero, a una persona que en ese mismo momento era muy sospechoso y era vigilado por el Tío Sam, por asuntos vinculados a drogas y que hoy se encuentra privada de libertad y sometida a la justicia, según informaciones oficiales, por esos mismos delitos.
Desde el arresto del entonces jefe de la DEA en la República Dominicana, Milton Cordero, el ambiente se ha tornado espeso.
Hay ojos vigilantes por todas partes, versiones cruzadas, nervios a flor de piel y un Tío Sam atento a cada movimiento. El resultado: pánico político y una evidente indigestión institucional.
Hay inquietud —dicen— entre quienes habrían facilitado salidas “cómodas” en aviones privados a personas luego reclamadas en extradición.
También hay sudores fríos entre aquellos que, según rumores persistentes, habrían pactado aplazamientos a cambio de favores que hoy pesan como anclas.
Y más adelante, el temblor es mayor entre quienes prometieron lo que no podían garantizar, asegurando que no habría extradiciones para figuras “intocables”, sin contar con la venia de Washington.
Mientras tanto, en la Policía Nacional, el caldero hierve. El Presidente —según fuentes— está harto de chismes, presiones y luchas internas, mientras distintos grupos se disputan la jefatura en una pelea sin guantes.
Todo indica que Abinader tendrá que designar un jefe policial sin sombras, sin señalamientos de corrupción y sin menciones en expedientes o casos de narcotráfico. No hay margen para errores.
Del otro lado del tablero, la embajadora Leah Francis Campos revisa el terreno con lupa. Nadie quiere cometer un error en su cancha.
Presidente: perfil en mano y lupa encendida. Quien huela a corrupción o haya sido mencionado en expedientes o casos delicados, mejor descartarlo a tiempo. El clima no está para apuestas, y menos cuando la soga se siente cerca. Un tercer error sería fatal.
En la Procuraduría General de la República, también hay preguntas sin responder: ¿cómo algunas personas solicitadas en extradición obtuvieron acuerdos favorables, sin detención efectiva ni incautación de bienes, especialmente en casos vinculados a Santiago?
El sainete es grande: un exjefe de la Drug Enforcement Administration preso, una embajadora inflexible con la corrupción —venga de donde venga— y demasiadas historias que no cuadran.
Relámpago Informativo lo advirtió hace tiempo, la embajadora Campos tiene ojo de águila y mano firme y de acero. Pega durísimo. ¿Dónde están ahora los incrédulos?
El debido proceso en materia de extradición, según juristas consultados, habría sido vulnerado en más de un caso. El procedimiento es claro: Departamento de Estado → Cancillería → Consultoría Jurídica → Procuraduría → Suprema Corte. Pero hay quienes —según versiones insistentes— se saltaron la fila, previo pago de cifras nada modestas, en hojas verdes. Y no llegaron al final de dicha ruta.
No solo Santiago. También en el Este hay nombres que tendrán que explicar salidas privilegiadas.
Todo apunta a que Nueva York, especialmente el Distrito Sur, tendrá alta ocupación procesal en los próximos meses. Como dice la canción… me lo dijo Adela.
Y hay más: una casa en la César Nicolás Penson donde operó una oficina de la DEA, que —según denuncias— funcionaba como centro irregular de detención y presión, con participación de funcionarios, fiscales y militares. Eso también tendrán que explicar. Y no español, sino en inglés.
A este gobierno le haría falta un jurista de peso, del calibre del licenciado Polibio Díaz Santana, para enderezar entuertos y evitar que los errores sigan pasando factura. Salir de desastre.
La vida sigue su curso agitado… y el informador policíaco se ríe.
Como decía mi abuela Panchita: “Abrir los ojos no es ver… hay que mirar por las esquinas.”



