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Elías Piña bajo tensión, frontera caliente y silencio forzado

¡Cógelo, Picante! La gente tiene miedo hasta de mirar a los lados. Callan. Nadie habla. Y hoy inauguran el Metro.

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Sí, respaldamos al presidente Donald Trump en sus operaciones en el Caribe contra el crimen organizado. Y punto.

Pero volvamos a casa. Lo que está ocurriendo en Elías Piña, provincia fronteriza con Haití, no es normal. Comunitarios aseguran que la violencia actual no tiene precedentes en décadas. Hablan de enfrentamientos entre grupos criminales que se disputan, con fuego y sangre, el control de puntos de drogas en la zona. Y mientras eso ocurre, el discurso oficial insiste en que “vamos avanzando”.

La realidad en el terreno es otra: miedo. Silencio. Nerviosismo. Inseguridad total.

Preocupa que, tras varios incidentes con muertos y heridos, las autoridades no ofrezcan información clara ni identifiquen públicamente a las víctimas. Esa ausencia de datos alimenta la incertidumbre. Cuando el Estado calla, el vacío lo llena el temor.

En comunidades como Juan Santiago, Los Guineos y Los Rincones se reportan episodios violentos. Testimonios señalan que individuos encapuchados participan en los tiroteos. Y cuando en un pueblo pequeño alguien se cubre el rostro, no es por casualidad.

Las familias guardan silencio. No por vergüenza. Por miedo.

Un lector nos relata que en Hondo Valle cayó abatido un presunto delincuente. Al preguntarle a un pariente por la identidad del fallecido, respondió: “¿De qué víctima? ¿De Noney? No sabía que había muerto”, y se retiró de inmediato. Esa reacción no es indiferencia. Es terror.

La frontera dominico-haitiana está bajo presión. Bandas criminales intentan imponer control territorial. Ciudadanos oriundos de la zona, hoy residentes en Santo Domingo, confirman la gravedad del ambiente… pero siempre en voz baja.

Y el miedo no es solo a los delincuentes. También hay desconfianza hacia autoridades que, según percepciones ciudadanas, no logran contener la situación con la firmeza necesaria. Eso erosiona la credibilidad institucional.

Mientras tanto, el país observa escenarios internacionales donde el crimen organizado ha desbordado regiones enteras. El caso de México, tras la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, mostró cómo las estructuras criminales reaccionan cuando pierden a sus cabecillas. La lección es clara: si no se actúa a tiempo, el problema escala.

Aquí no necesitamos dramatizar. Los hechos hablan solos. Y la inseguridad ciudadana cada vez es más terrible.

Pasemos a otro tema. Una tormenta invernal en Nueva York provocó cancelaciones masivas de vuelos. Eso es naturaleza. Imposible de controlar.

Lo que sí era evitable fue el apagón general que dejó al país sin energía por horas. Un colapso eléctrico de esa magnitud no es un fenómeno climático, es una falla estructural. Y ocurrió bajo la administración del presidente Luis Abinader. Segundo apagón general en pocos meses.

Y aún hay gente del PRM que insisten en que los apagones quedaron en el pasado. La realidad contradice el discurso. Lo que sí desapareció con la llegada al poder de Luis Abinader y el PRM fueron los llamados circuitos 24 horas. Esa promesa de energía estable se diluyó entre apagones, excusas y una realidad que hoy golpea a hogares y comercios por igual.

Presidente: sin energía estable no hay turismo sostenible.

Esta tarde se inaugura el tramo del Metro, desde el Kilómetro 9 de la Carretera Duarte hasta Los Alcarrizos. Una obra importante, sin duda. Pero ciudadanos advierten que persisten detalles técnicos y operativos que requieren atención. Acelerar para cortar cinta nunca debe estar por encima de la seguridad ni de la calidad.

El país necesita menos propaganda y más gestión efectiva. Aquí están los temas. Sin maquillaje.

Que el pueblo juzgue.

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