Ganaderos aterrados: viven desesperados y caminan hacia la quiebra
Del sudor al despojo: la tragedia silenciosa de Hato Nuevo
Hato Nuevo, Santo Domingo Oeste, R.D.
Hace unos 25 años, los ganaderos de Brisas del Llano, en Hato Nuevo, sector Manoguayabo, adquirieron cientos de tareas de tierra al Estado a través del Consejo Estatal del Azúcar (CEA).
Jamás imaginaron que hoy estarían pasando la de Caín, atrapados en una pesadilla que los tiene al borde de la quiebra, el hambre y la desaparición.
Son alrededor de 25 ganaderos, hombres que han vivido toda su vida del ganado y que hoy sobreviven como pueden.
La mayoría ha visto reducido su rebaño a menos del 25 %, principalmente por robos constantes, producto del caos generado tras la invasión masiva de terrenos en toda la zona de Hato Nuevo, especialmente en Brisas del Llano.
“La mayoría estamos en la olla”, dicen sin rodeos. Es decir, en una crisis económica severa. Miseria real. Familias pasando hambre.
Los ganaderos habían pagado el 50 % del valor de las tierras al CEA, pero cuando en el año 2024 la zona fue declarada área de expansión urbana, se desató la fiebre de las invasiones.
Donde antes hubo cañaverales y luego potreros, hoy avanzan proyectos habitacionales, mientras el ganado estorba… y el ganadero sobra.
Según explica el productor Roque Santos Reyes, los terrenos fueron fragmentados: una parte quedó en manos de los ganaderos, pero desde entonces mantienen una batalla diaria y desigual con invasores, quienes ahora exigen que desaparezca el ganado, provocando conflictos constantes.
Creyeron ver una salida cuando el gobierno convirtió su asociación en cooperativa, bajo la tutela del Instituto de Desarrollo y Crédito Cooperativo (IDECOOP). Fueron incluso juramentados por el presidente Luis Abinader, quien les aseguró que podían comunicarse con él ante cualquier dificultad.
Pero la realidad fue otra.
Los ganaderos se reunieron con el alcalde de Santo Domingo Oeste, Francisco Peña, quien —según relatan— se alineó con los ocupantes ilegales. Peor aún: en ese encuentro les habría sugerido vender el ganado o enfrentar su confiscación.
Ante la amenaza, enviaron comunicaciones a múltiples instituciones, incluida la Presidencia. Nunca obtuvieron respuesta.
Desesperados, propusieron una solución digna: abandonar voluntariamente los terrenos, a cambio de que el Estado les facilite comprar tierras del CEA en otra zona, como Bayaguana o San Pedro de Macorís, donde el Estado posee cientos de miles de tareas disponibles para ganadería y agricultura.
Tampoco hubo respuesta.
Mientras tanto, el ganado deambula sin control, y los ladrones hacen fiesta.
Roque Santos Reyes denuncia haber perdido más de 70 reses en pocos meses, incluyendo vacas lecheras.
“Estamos viejos. Si dejamos esto, nos morimos de hambre”, dice con la voz rota. Nadie les da empleo por su edad.
Y para colmo, denuncian que el Ayuntamiento los acosa constantemente, pese a que ocupan esas tierras desde cuando eran vírgenes y cenagosas, cuando nadie apostaba un peso por esa zona.
“No pedimos que nos regalen nada”, aclara Santos Reyes. “Queremos comprar. Pagarle al Estado. Pero vivir”.
El llamado al Presidente
El ganadero Roque Santos Reyes, en representación del grupo, hace un llamado directo y urgente al presidente Luis Abinader Corona para que escuche su clamor.
Piden ayuda para adquirir tierras del Estado en la región Este del país, financiadas a través del CEA, y así abandonar una zona donde ya no pueden vivir ni trabajar, acosados, insultados, judicializados y amenazados con perderlo todo.
“No es que nos regalen la tierra”, insisten.



