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Justicia colapsada y poder nervioso

Entre gritos de auxilio, embajadora vigilante y altares temblorosos

Buenos días…

¡Cógelo, Picante!La República Dominicana anda manga por hombro. Descontrolada. Y mientras la embajadora de Estados Unidos, Leah Francis Campos, proyecta una imagen de firmeza institucional —dejando claro que las cosas deben hacerse bien hechas— el presidente de la Suprema Corte de Justicia lanza un grito que suena más a alarma que a reflexión técnica: “El sistema no va a colapsar… ya colapsó”.

Eso no es una frase ligera. Es una bomba institucional. Y si quien lo dice es el jefe del Poder Judicial, entonces no estamos ante un rumor de pasillo: estamos ante la admisión pública de una crisis estructural.

Expertos del ámbito jurídico consideran que semejante declaración no solo es grave, sino devastadora. Porque desmonta el discurso oficial de independencia y avance judicial. Si el sistema “ya colapsó”, entonces el relato de fortalecimiento institucional se convierte en ficción. Y el país queda desnudo.

El efecto embajada: nervios en los altares.

Señores, sectores que se declaran frontalmente contrarios a la corrupción, al narcotráfico y a la narcopolítica han respaldado la postura firme de la diplomacia estadounidense. La lectura es clara: cuando las instituciones locales fallan, el escrutinio externo aumenta.

Y como expresó el general retirado Frener Bello Arias: “¡Qué vergüenza!”. En referencia al caso de Melitón Cordero, señalado públicamente y sometido a la justicia por presuntos delitos graves, entre ellos la supuesta venta irregular de visas y la alegada fabricación de expedientes falsos con fines de extorsión, acusaciones que actualmente son objeto de investigación judicial.

La indignación aumentó cuando trascendió que dicho funcionario había sido condecorado oficialmente. La pregunta flota sola: ¿quién filtra? ¿quién recomienda? ¿quién revisa?El general Bello Arias —quien hizo historia al frenar el caos en el tránsito y al poner en cintura a la AMET-DIGESET— afirmó que el cierre de oficinas vinculadas a la DEA en el país marca el inicio del desplome de “altares que se creían intocables”. Sus palabras han sido interpretadas como una advertencia: hay nerviosismo en estructuras que antes se sentían blindadas.

Seguridad en juego y designaciones bajo lupa

El mensaje al presidente Luis Abinader es directo: cuidado con las designaciones en el área de seguridad. Cualquier otro error, profundizaría aún la inseguridad en el país, y hasta el turismo sufriría sus efectos. Pero eso no es todo, el águila vuela en circo.

A propósito, en círculos políticos se comenta sobre tensiones entre altos mandos policiales por la Dirección General de la Policía Nacional. Versiones hablan de padrinazgos, presiones y recomendaciones cruzadas. Nada probado, pero suficiente para generar ruido. Y nos cuentan que hay contradicciones hasta en los parientes más cercanos al jefe de Estado. Y cuando hay ruido en seguridad, el país entero tiembla.

Gracias a Dios —y a la firmeza del presidente Donald Trump y de la embajadora Leah Francis Campos— el Tío Sam parece haber decidido mirar con lupa ciertas designaciones en las áreas sensibles de seguridad nacional. Y sí, la Policía Nacional está incluida en ese radar. Porque cuando las instituciones internas generan dudas, el escrutinio externo se activa.

Presidente, aplique el bisturí político. No permita que le sigan recomendando oficiales para dirigir la Policía con reputaciones cuestionadas o con sombras que aún no han sido aclaradas. Hay funcionarios —incluidos ministros— que parecen no aprender de los escándalos recientes y continúan empujando nombres que, por lo menos, generan inquietud pública.

La advertencia es simple: si al frente de la Policía no se coloca a una figura incuestionable —honesta, con capacidad gerencial y sin sombras reputacionales— la institución corre el riesgo de repetir patrones que han golpeado otras dependencias públicas y mantienen a la propia policía al borde del abismo.

Y la lista de instituciones señaladas por cuestionamientos o controversias administrativas o porque han sido un fiasco, no es corta:

  • 9-1-1
  • Punta Catalina
  • Metro
  • SeNaSa
  • OMSA
  • Las Edes
  • Peajes
  • Autopista Duarte
  • Educación
  • Programa de medicamentos de alto costo

Cada caso con su historia, cada institución con sus titulares incómodos. Y lo peor, aún está por venir.

Mientras tanto, el microtráfico sigue golpeando barrios, la inseguridad persiste y la percepción de impunidad crece.

Desde sectores diplomáticos y estratégicos internacionales, la cooperación en materia de seguridad parece intensificarse. El mensaje es claro: tolerancia cero. Y cuando ese mensaje viene acompañado de acciones concretas, más de uno comienza a revisar expedientes.

Al cierre: temblor en oficinas públicas.

Anoche circularon versiones sobre tensión interna en el Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio (INAFOCAM) y nerviosismo que, según fuentes, alcanza otras áreas del Ministerio de Educación.

Se habla de auditorías, revisiones y revisión de nóminas. También de estructuras infladas y vínculos con gestiones anteriores. Nada confirmado oficialmente, pero suficiente para que más de uno no duerma tranquilo.

Cuando la institucionalidad se resiente, el miedo no es exclusivo de los culpables. También lo sienten los inocentes que trabajan en estructuras corroídas.

La pregunta incómoda

Si el propio presidente de la Suprema admite el colapso,
si sectores internacionales vigilan,
si hay denuncias cruzadas en seguridad,
si la ciudadanía percibe impunidad…

¿Estamos ante una crisis pasajera o ante un punto de quiebre histórico?

El país no necesita discursos.
Necesita limpieza.
Necesita decisiones.
Y necesita que el poder deje de mirar hacia otro lado.

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