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Miches: turismo de vitrina y abandono real

El gobierno vende paraíso en el exterior, pero deja al pueblo varado en el fango

Buenos días.

¡Cógelo, Picante!Sí, el gobierno exhibe una doble imagen descarada con Miches. Viaja a España a vender turismo, resorts y playas vírgenes, pero no se ocupa de lo básico: vías de acceso destrozadas, calles abandonadas, agua potable que no llega a todos los sectores, apagones constantes, ausencia de instalaciones deportivas y servicios públicos precarios.

Tampoco parece importarle que Miches no tenga un hospital funcional y bien equipado, capaz de atender emergencias. Sus habitantes siguen obligados a salir huyendo hacia Higüey, La Romana o San Pedro de Macorís cuando la vida pende de un hilo.

Es cierto: se construye un hospital desde hace años. Pero la obra avanza a paso de tortuga, sin fecha clara de entrega, mientras la gente sigue desprotegida.

Es una vergüenza nacional que cada vez que llueve en El Seibo, los turistas no puedan llegar a Miches por la carretera El Seibo–Miches, porque en el kilómetro 7 el desvío provisional —que sustituye un puente en construcción— se inunda por completo.

Ese puente comenzó hace más de dos años. Lleva más de un año paralizado, supuestamente por falta de fondos. Con una fracción de lo que se gastó promoviendo el “turismo de Miches” en España, ese puente ya estaría terminado.

Increíble, pero cierto. Hay que escucharlo para creerlo. Algunos sectores políticos se burlan, celebran y comparan gobiernos como si esto fuera un juego. La verdad es simple y amarga: tanto ayer como hoy, brillan en oposición y fracasan en el gobierno.

Y quienes más se burlan son, paradójicamente, los propios militantes del PRM alineados con la corriente de Hipólito Mejía, quienes no dudan en afirmar —entre sarcasmos y reproches— que la actual gestión gubernamental es, incluso, mucho peor que la del recordado gobierno de “Papá”, 2000-2004, que fue un desastre.

Y como si fuera poco, la canasta familiar, los medicamentos y los servicios públicos y privados no dejan de subir, mientras los salarios —especialmente los públicos— siguen estancados desde hace más de cinco años.

Incluso dentro del propio PRM, muchos militantes —y sí, fanáticos— comentan que el presidente Abinader gobierna sin carácter político, desconectado de la realidad popular y priorizando intereses empresariales. Comentarios que ya no son de la oposición, sino del propio entorno oficialista.

En los pasillos judiciales se escucha otra queja recurrente: que la llamada “independencia” del Ministerio Público golpea con martillo a unos y protege a otros. No es una acusación formal, es una percepción que se repite y que, cuando se generaliza, erosiona la credibilidad institucional.

Lo mismo ocurre con la llamada “reforma policial”, utilizada —según muchos observadores— como un discurso para tapar desastres internos: inseguridad, abusos, ejecuciones extrajudiciales, escándalos administrativos y prácticas heredadas que nunca se desmontaron.

Hay quienes sostienen que, sin una auditoría real y transparente, como la realizada en 2022 durante la gestión de Eduardo Alberto Then, no se sabrá toda la verdad. Hoy, lamentablemente, la confianza en la Policía Nacional está seriamente dañada, sobre todo tras hechos recientes que aún están «bajo investigación».

Circulan rumores sobre situaciones delicadas en varias dotaciones policiales de la provincia Santo Domingo, especialmente en Santo Domingo Este. Por ahora, eso: rumores. El tiempo dirá si se confirman o no.Aunque el llamado “chivateo” en Invivienda no fue un simple rumor ni una especulación malintencionada, sino una denuncia formulada por los propios protagonistas de los hechos, con nombres, responsabilidades y consecuencias reales. Además, existe una víctima mortal, un dato irrefutable que convierte el caso en un episodio profundamente vergonzoso.

En cualquier país con instituciones sólidas, un hecho de esta magnitud habría provocado responsabilidades políticas inmediatas, investigaciones exhaustivas y sanciones ejemplares, no el silencio, la minimización ni el intento de banalizar la tragedia-país, hubiese consecuencias serias y contundentes.Autoritarismo municipal en Santo Domingo Este. El alcalde quiere confiscar patinetas, pero no recoge la basura. Nos sumamos a quienes rechazan las pretensiones del alcalde Dio Astacio de salir a las calles de Santo Domingo Este a incautar patinetas eléctricas, como si ese fuera el principal problema del municipio.

Todo indica que el poder se le ha subido a la cabeza. Su verdadera misión es clara: recoger basura, limpiar filtrantes, tapar hoyos y ordenar la ciudad. Para eso fue electo.

Además, en la Alcaldía opera un cuerpo de policías municipales que, según denuncias ciudadanas, no cumple funciones visibles ni efectivas. Una situación que —afirman— puede demostrarse con evidencias gráficas.

Gobernar no es exhibirse.
Gobernar es resolver.

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