¡Sangre y drogas en la frontera!
Militarizan Elías Piña tras ola de muertes, terror y denuncias de complicidad oficial

Ante el estado de violencia e inseguridad que se ha agudizado en las últimas semanas en el litoral El Cercado–Juan Santiago–Rancho de la Guardia y Hondo Valle, de la fronteriza Elías Piña, y ante las denuncias de apatía y aparente complicidad local, el Gobierno militarizó esta tarde esa zona.
“Decenas de vehículos repletos de guardias y policías llegaron hace un rato”, reporta un comunitario, preocupado por las muertes y heridos en ajustes de cuentas por puntos de drogas, al estilo Colombia y México.
Un video muestra parte de los vehículos con insignias del Ejército de la República Dominicana (ERD) y del Dicrim de la Policía entrando en la fortaleza militar de Hondo Valle.
Hace tres semanas, en Juan Santiago fue asesinada una persona en un punto de drogas, de los tantos existentes allí, y otra resultó herida. Las autoridades no divulgaron su nombre. En la población corre la versión de que un exconvicto por tráfico de drogas, pariente cercano de un alcalde, es el sospechoso de esos hechos; sin embargo, pese a su largo prontuario, no ha sido apresado.
La semana pasada, a 12 kilómetros, en Rancho de la Guardia (Los Guineos), se produjo otro asesinato y varios heridos en un punto de drogas. Circularon en las redes fotos del fallecido y del herido, pero las autoridades no ofrecieron sus identidades.
Y ayer, en Los Rincones, otra comunidad agrícola y pacífica de Hondo Valle, reapareció la violencia: varios muertos y heridos en un enfrentamiento de bandas por el control del negocio de las drogas en la zona.
Se dice que son grupos domínico-haitianos asociados, que cometen todo tipo de delitos: desde tráfico humano, falsificación de documentos públicos (actas, cédulas), tráfico de armas y drogas, prostitución, etc. Es un desastre; no hay control y se habla de apoyos políticos, militares y policiales. Usan vehículos de lujo, placas oficiales y todo tipo de maniobras para enriquecerse y destruir a esas poblaciones.

Hay adictos en los parques y calles, enfermos mentales y todo tipo de degeneración humana que traen esos vicios, denunció un activista comunitario y de la iglesia, que no ofrece su nombre por motivos de seguridad.
Esas poblaciones viven en terror y pánico; nadie ve ni oye nada. Miedo total.
Ojalá la Procuraduría General de la República y los jueces miren hacia estas zonas; el pueblo los observa como socios y cómplices de la delincuencia.



