Clásico Mundial: deslucido por falta de ética de un árbitro

De las 6 versiones del Clásico Mundial de béisbol, esta última, la recién concluida, parecía encaminarse a ser la más exitosa, por el entusiasmo mostrado por los países del planeta, la alta asistencia a los estadios y la calidad de los jugadores de las diferentes selecciones, si no se produce esa mancha en el juego entre Estados Unidos y República Dominicana, donde un árbitro terminó defraudando a la afición de ese deporte.
En los papeles Estados Unidos tenía el mejor equipo, seguido estrechamente por República Dominicana, pero este último había sido mucho más explosivo ofensivamente durante todo el clásico. Aunque finalmente Venezuela resultó ser campeón, su equipo había perdido de República Dominicana, lo que puede percibirse como una distorsión o formato carente de lógica.
El clásico fue diseñado así y con esas reglas fue que Venezuela ganó. Sin embargo, tanto en República Dominicana como en Estados Unidos, los expertos de béisbol, no dejan de hablar de la inmoralidad del ampaya Corey Blaser, al cantar como strike lanzamientos que el mundo entero vio bola, para ponchar en dos momentos cruciales a Juan Soto y a Geraldo Perdomo.
Lo primero es que de los aspectos que hay que corregir en el siguiente clásico es prohibir que un juez participe en un juego donde haya equipo de su nacionalidad. Todos los seres humanos tenemos simpatía y más que simpatía amor por nuestras respectivas patrias, un aspecto determinante para que el crédito público y la imagen profesional de un umpire de grandes ligas hoy esté rodando por el suelo.
Por buena reputación que haya tenido en el pasado, Cory Blaser, la verdad es que no pudo contener su deseo.
Por ética debió inhibirse y no participar en ese juego, un juego que terminó enlodando todo un evento que hasta ese momento se encaminaba a un éxito rotundo. Hasta el propio manager del equipo de Estados Unidos, Mark De Rosa, admitió que tanto Soto como Polanco fueron ponchados con cantadas incorrectas. Ahora le toca al juez Cory Blaser admitir los yerros cometidos, porque sería la única forma de recobrar mínimamente su fama de buen árbitro.
Es su deber. No hay fase en la vida, pública o privada, libre de deberes. A fin de cuentas: el verdadero honor es el que resulta del ejercicio de la virtud y el cumplimiento de los propios deberes.
Muchos especularon sobre la anulación de ese juego. Hubiera sido lo más justo, pero sería un hecho sin precedentes en la historia de MLB, quien es, a su vez, que organiza el Clásico Mundial. Otros tantos juegos se han registrados con resultados cuestionables, producto de la pifia humana, sin la cancelación de ningún partido.
Las protestas, de todos modos, terminan sirviendo para correcciones futuras y ya es un hecho la introducción del ABS para la temporada de 2026. Lo más probable que esa modalidad se introduzca también para el próximo clásico.
Por lo menos esa amarga experiencia, que provocó la descalificación del equipo dominicano, es una enseñanza de que no todas las personas pueden ser jueces en béisbol, en baloncesto y en otros tantos deportes.
Es el mismo fenómeno que se da en las diversas actividades de la vida diaria en todas las sociedades civilizadas, en las que imperan instituciones, incluyendo la justicia para hacer cumplir las leyes que nos rigen.
Para ser juez no basta con estudios académicos, Se requiere calidad moral, ser honesto, justo y sobre todo colocarse siempre al lado de la verdad, porque una cosa es el deseo y otra es la realidad. Todo buen profesional, que cuida su reputación e imagen pública, muestra apego irrestricto a la realidad y la razón, echando posibles sentimientos a un lado.



