Policía sin mando, reforma de mentira y poder en la sombra
Promesas, padrinos y silencio: la inseguridad no baja, pero el descaro sí sube

Buenos días…
Lo que está pasando a diario entre agentes policiales —especialmente de la DIGESETT y la Policía Preventiva— no es casualidad: es el reflejo de una institución sin control, sin dirección y sin consecuencias.
Un espectáculo vergonzoso que deja en evidencia la ausencia total de gerencia dentro de la Policía Nacional, y especialmente, en la DIGESETT.
Seamos claros: la llamada “reforma policial” ha sido un cuento. Un fracaso sin maquillaje. No se hizo lo esencial: limpiar, reorganizar y transformar de verdad. Se ha invertido dinero, sí… pero sin rumbo, sin criterio y sin resultados.
Y que no se distorsione el mensaje: más del 60% de los policías son gente seria, honesta, que cumple. Pero están atrapados en una estructura podrida, sin liderazgo real y con mandos que, en muchos casos, han demostrado incapacidad.
En los últimos 13 años —con pocas excepciones— la Policía ha sido mal dirigida. Y cuando no hay dirección, lo que hay es desorden… o peor: control desde fuera.
Porque lo que antes se decía en voz baja hoy vuelve a sonar con fuerza en los pasillos:
Antes, bajo el gobierno de Danilo Medina, se decía que dentro de la Policía mandaba Alexis Medina. Hoy, el rumor es otro: que “en la Policía se hace lo que diga José”.
¿José quién? El hermano del presidente Luis Abinader.
Presidente, eso no es un chisme cualquiera. Eso es grave. Y si no es cierto, hay que desmontarlo con hechos. Pero si lo es, estamos ante una situación inaceptable. La Policía no puede ser un terreno de influencia familiar.
Sobre la reforma: promesa incumplida. Sí, hubo inversión. Pero la inseguridad no baja. Al contrario: los hechos delictivos aumentan. Entonces, ¿de qué ha servido?
El pasado jefe policial dejó una estela de descrédito. Escándalos, corrupción, abusos… cosas que ni en tiempos duros del pasado reciente se veían con tanta frecuencia. Y eso terminó de enterrar la supuesta reforma.
Hoy la institución sigue igual o peor: desprestigiada, cuestionada y sin credibilidad.
Y mientras tanto, el tema salarial es otra burla. Se mejoró parcialmente a los alistados, pero la inflación se tragó ese aumento. Los oficiales siguen con sueldos indignos.
Pero eso sí… el comisionado policial extranjero, colombiano, cobra un salario de lujo —RD$2,336,400 mensuales— en un país donde un general gana poco más de RD$54 mil. Con descuentos, menos de 41 mil.
Eso no es reforma. Eso es una bofetada.
Y lo más grave: No ha habido depuración real. No se ha limpiado la institución. No se ha enfrentado la corrupción de frente.
Peor aún: se han premiado conductas cuestionables. Auditorías existen. Pruebas hay. Y quien las hizo… fue sacado. Así no. Así no hay reforma.
Hablar de reforma en estas condiciones es subestimar la inteligencia del pueblo.
Y el Ministerio Público… callado. Cómplice por omisión frente a ejecuciones, abusos y hechos escandalosos sin consecuencias. Sin justicia. Sin ejemplo.
Que quede claro. No somos enemigos de la Policía. Somos enemigos de la corrupción, del abuso y de las ejecuciones extrajudiciales. Como las ocurridas en el 12 de Haina (diciembre 2023) y La Barranquita, en Santiago (septiembre 2025). Y punto.
AL CIERRE:
Presidente Abinader, hay casos recientes que no pueden quedar en el aire:
- El incidente en San José de Ocoa entre agentes de DIGESETT y un camionero: bochornoso.
- El caso de El Seibo: una joven muere en un accidente, testigos señalan que el conductor iba borracho… pero el informe oficial miró hacia otro lado.
Eso tiene un nombre: encubrimiento. Y también tiene apellido: vergüenza.

La Policía no necesita más discursos. Necesita limpieza, dirección y valentía. Lo demás… es puro bulto.



