Reapertura de oficina de la DEA en RD sacude a narcos y a la narcopolítica
Mientras el PRM habla de “controlar” dinero ilícito en la política, crecen las preguntas sobre el pasado. Paliza, ¿qué pasó?

Buenos días…
¡Cógelo, picante!, en buen dominicano, no es baúl de nadie. quí tenemos fuentes en casi todas las ciudades del país, civiles y militares. También en varias naciones, principalmente en Estados Unidos y en distintos países de Europa.
Contamos con contactos en el ámbito político y periodístico en diferentes lugares del mundo, incluyendo Venezuela. Además, dominicanos radicados en ciudades de Rusia, España, Turquía, Francia, Alemania, Haití y Brasil.
Aquí nada se publica al vapor. Toda información se verifica y se contrasta.
Entre nuestras fuentes y asesores hay más de 20 profesionales del Derecho, además de contactos en organismos de inteligencia del país y en los distintos organismos policiales.
Además, recibimos informaciones y mensajes —muchos de ellos fuera de récord— de más de 50 oficiales generales, superiores y subalternos activos y en retiro, e incluso de alistados policiales activos, quienes aportan datos y alertas sobre situaciones que afectan la institucionalidad y la seguridad del país.
Por eso dejamos algo claro: No injuriamos ni difamamos a nadie. Aceptamos réplicas.
Y cuando publicamos algo es porque tenemos pruebas en las manos. 
Tampoco recibimos órdenes de nadie. Por eso viven jorungándonos los teléfonos, tratando de averiguar de dónde salen informaciones tan certeras. Incluso llegaron a dar la orden de “denle seguimiento a ver quién les está pasando esos datos tan certeros”. Pero parece que las fuentes eran tantas que terminaron metidos en un barril sin fondo.
Aquí se enfrenta la corrupción, el narcotráfico, la narcopolítica y la demagogia, caiga quien caiga. Y píquele a quien le pique, incluyendo a los cómplices.
Y sí, también lo decimos sin rodeos. Respaldamos las operaciones del presidente Donald Trump contra el narcotráfico en el Caribe, aunque rechazamos cualquier violación a la soberanía de los países.
Creemos que, en este momento, Trump encarna una ofensiva frontal contra el crimen organizado, una lucha que también debe alcanzar la corrupción administrativa, presionando y sancionando a funcionarios, políticos y empresarios corruptos —sean civiles, militares o policías— sin importar su nacionalidad: dominicanos, venezolanos, haitianos o de cualquier país. Si son corruptos, son corruptos.
También creemos necesario que narcotraficantes, los corruptos y sus cómplices deben enfrentar procesos en tribunales estadounidenses. ¿La razón? Porque en demasiados países del Caribe, incluyendo República Dominicana, la balanza suele inclinarse ante el poder político y económico. Y eso no puede seguir siendo la norma.
Así que el mensaje es claro: Que la lucha contra el crimen organizado avance sin miedo, sin privilegios y sin impunidad.
La decisión de la Embajada de Estados Unidos en la República Dominicana de reabrir la oficina de la Drug Enforcement Administration (DEA) en Santo Domingo es, sin duda, una medida correcta.
Si ese organismo actúa como establece la ley estadounidense, su presencia podría convertirse en un apoyo importante para las operaciones impulsadas por el presidente Donald Trump contra el crimen organizado en el Caribe. En ese terreno, la embajadora Leah F. Campos se anota otro punto.
Pero la expectativa ciudadana es clara: que esa lucha sea real, profunda y sin excepciones.
Eso significa perseguir el narcotráfico, pero también la narcopolítica y la corrupción administrativa, esa que se roba los recursos públicos aprovechando las debilidades del sistema judicial dominicano.
Si, como se comenta en distintos círculos, existe una lista de decenas de nombres vinculados a investigaciones internacionales, entonces lo correcto es que la justicia actúe sin contemplaciones. Sean narcotraficantes, empresarios o políticos.
La propia embajada estadounidense señaló que la oficina funcionará “bajo un nuevo liderazgo, marcando un nuevo capítulo en la lucha compartida contra el narcoterrorismo y la corrupción”. Ojalá así sea.
Señores, resulta curioso que el Partido Revolucionario Moderno (PRM) impulse una modificación a la Ley 33‑18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos para establecer mayores controles contra el financiamiento ilícito en la política. La iniciativa puede ser positiva. Nadie discute que el sistema político dominicano necesita más controles, más transparencia y menos dinero sucio. Pero también es legítimo preguntar: ¿por qué ahora?
En el debate público han surgido versiones y declaraciones que mencionan supuestos aportes millonarios a campañas políticas en el pasado reciente. Esas afirmaciones, hechas por personas investigadas o procesadas por narcotráfico, deben ser aclaradas con transparencia. Por eso las preguntas son inevitables. Si hubo aportes irregulares, el país merece saber quién los recibió y qué ocurrió con esos recursos.
Y en ese contexto, corresponde al liderazgo político del partido oficial, el PRM, —incluido su presidente, José Ignacio Paliza— ofrecer explicaciones claras que despejen cualquier duda. Porque en democracia la transparencia no puede ser selectiva.
Mientras tanto, en medio del clima de preocupación por la seguridad, también surgen iniciativas que merecen reconocimiento.

Mientras algunos agentes policiales le caían a macanazos a un menor de 16 años en Sabana de la Mar, en Hato Mayor, se veía una escena muy distinta.
Allí, la Policía Nacional, encabezada por el coronel Robert Bienvenido de Jesús, se mezcló con estudiantes y jóvenes de la comunidad, a quienes exhortó a caminar por la ruta de los estudios, la disciplina y los valores, alejándose de las influencias negativas que pueden truncar su futuro. (Y por cierto, en ese punto del mapa, Hato Mayor, los ojos del águila imperial están muy atentos)-
Sin duda, hacía años que no se veía algo así. Una iniciativa positiva de ese oficial que, según cuentan en la zona, ha logrado frenar de golpe la delincuencia en ese municipio de la región Este. Así es como se combate la inseguridad: con presencia, con prevención y con liderazgo. Ojalá los actuales altos mandos policiales tomen nota y copien ese modelo.
Porque la realidad es otra: la inseguridad en el país sigue creciendo y el ambiente dentro de la institución policial tampoco parece el mejor. Entre muchos miembros de la fuerza hay inquietud e incertidumbre. Algo huele mal. Pero a ¡Cógelo, Picante! ya pocas cosas lo sorprenden.



