Silencio peligroso en Loma de Managua
Hospital cerrado a la prensa en El Seibo, promesas incumplidas y desorden sin control encienden el malestar

Buenos días…
Algo huele mal en la Loma de Managua, en Bayaguana, … y no es monte.
Mientras el pueblo celebraba haber frenado la minería, ahora aparecen manos “invisibles” parcelando tierras cerca del río Comate para levantar villas de lujo.
¿Casualidad? Difícil creerlo. Se mencionan nombres con poder, con influencia… con capacidad de hacer que todo pase sin dejar huellas.
La pregunta es directa: ¿Quién está dando luz verde o quién se está haciendo el ciego?
El silencio oficial no tranquiliza, asusta. Porque cuando el Estado calla, la depredación avanza. Y cuando reaccionen, puede ser demasiado tarde.
¿Protección ambiental o negocio disfrazado? Primero fue la minería. El pueblo dijo NO. Ahora, en voz baja, avanzan las villas.
Parcelas cerca de ríos, ventas discretas, nombres pesados detrás del telón. Todo muy fino… demasiado fino.
¿Se protege la naturaleza o se reparte entre privilegiados? Porque destruir una loma no siempre se hace con maquinaria… a veces se hace con títulos de propiedad.
Las comunidades están alertas. Y cuando el pueblo vigila, es porque el poder está jugando sucio.
Algo huele feo… ¿Por qué no quieren que los periodistas entren al hospital Teófilo Hernández, en El Seibo? Cuando se cierran puertas a la prensa, las sospechas se abren solas. Y la pregunta queda en el aire.
Y seguimos en El Seibo… En la comunidad de El Cuey, la gente está harta. Molesta. Cansada de lo mismo, por las promesas, reuniones… y cero resultados.
Dicen que, incluso, fueron citados al Ministerio de Obras Públicas para pedirles paciencia, asegurándoles que el dinero de la carretera que llevan años solicitando ya estaba depositado. Pero el tiempo pasa… y la carretera no aparece. La gente lo dice claro: no quieren más cuentos.
Ahora, otro tema. El Ministerio de Interior y Policía anunció la prohibición de fiestas masivas en Semana Santa por “seguridad”.
Perfecto. Pero entonces surge la pregunta: ¿la medida es para todos… o para algunos?
Y atención a esto. En Las Terrenas, Samaná, dominicanos y turistas denuncian una situación que no es nueva: consumo de sustancias ilícitas a plena vista y un microtráfico que, según residentes, va en aumento.
La inquietud es directa: ¿dónde están las autoridades? ¿Se actúa… o se mira hacia otro lado?
Porque seguridad no es solo prohibir fiestas. Seguridad también es enfrentar lo que realmente preocupa a la gente.
Y si hablamos de seguridad… miremos el Gran Santo Domingo. En Herrera y Manoguayabo, los atracos siguen siendo una queja constante. Mientras tanto, el ciudadano común se siente cada vez más expuesto.
El tránsito merece capítulo aparte. Lo que pasa en el Distrito Nacional es, sencillamente, un caos. Motociclistas violando normas, circulando por túneles y elevados, haciendo maniobras peligrosas sin control.
Aquí la pregunta es directa: ¿Quién pone orden?
La DIGESETT tiene la responsabilidad. Y muchos se preguntan por qué se desmanteló el equipo “Águila”, que antes sí imponía control en túneles y elevados.
Al final, el balance es claro: En tránsito, seguridad y obras… la percepción ciudadana es de desorden, lentitud y falta de respuestas.

Y mientras tanto, el golpe al bolsillo no se detiene. Con los combustibles en niveles altos, quien paga el costo —como siempre— es el ciudadano.



