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Apagones, basura y promesas y el país en modo “aguante”

“Intercambios” que matan: 15 en tres meses y la justicia ausente

 

 Buenos días…

¡Cógelo, Picante!Y otra vez lo mismo: ya van 15 muertos en supuestos “intercambios de disparos” en apenas tres meses del año.

Demasiados casos, demasiado rápido, demasiadas dudas. No más pena de muerte disfrazada de operativo. Si hay culpables, sométanlos a la justicia. Para eso existe la ley.

La seguridad no puede sostenerse sobre ejecuciones ni versiones automáticas.

Cada muerte exige investigación independiente, transparencia y responsabilidades claras. Sin eso, lo que crece no es la seguridad, es la desconfianza.

Y mientras tanto, en Haití, la violencia no cede: más de 100 personas asesinadas coincidiendo con la llegada de tropas pacificadoras. No lo oculten. La situación es grave, cruda y a la vista de todos.

Basta de maquillar cifras y discursos. La realidad es dura… y ya es hora de enfrentarla.

La luz se va, la basura se queda. Ese es el “padre nuestro” de cada día.

Mientras tanto, el gabinete eléctrico y los ayuntamientos juegan a la ineficiencia sin consecuencias. Mucho discurso, poca gestión.

La autopista Duarte sigue siendo un monumento al sobrecosto y al deterioro: cara, peligrosa y parchada. ¿Quién responde? Contratistas, supervisores de Obras Públicas y fideicomisos deben dar la cara. Aquí se cobró como obra de primer mundo y se entrega como remiendo de barrio.¿Y Puerto Plata? Se canceló el fideicomiso del teleférico y todo quedó en el aire. ¿El arreglo para cuándo, señores? Porque anunciar sí saben, pero terminar, no tanto.

En Semana Santa, más que recogimiento, lo que se vio fue desconexión. A más de uno habría que cantarle: “Piedad, Señor, piedad”. Porque si grandes son mis culpas, mayor es tu bondad.En la Policía, ya el abuso no distingue rango. Si no es un sargento, es un coronel. ¿Qué protocolo justifica maltratar a una menor, y halarla por el cabello? Violencia sin protocolos y con cámaras grabadoras. Chupe usted y déjeme el cabo. Después quieren confianza ciudadana. El Gobierno prometió estabilidad de precios, pero el mercado —el de la Duarte y el de la Mella— no vive de promesas. La realidad es otra: el costo de la vida aprieta y se siente. Ahora culpan al estrecho de Ormuz. Siempre hay una excusa global para un problema local.¿Y los combustibles? Ya no aparece la famosa fórmula de Ito Bisonó. Entre guerras externas y márgenes internos, la pregunta es simple: ¿quién gana aquí, el Estado o las distribuidoras? Porque el consumidor, seguro que no.

Mientras el mundo habla de ir a la Luna otra vez, aquí seguimos aterrizando en lo mismo: promesas tecnológicas arriba, realidad precaria abajo. “La Tierra se ve azul”, dicen; pero en el país, el ánimo está rojo, verde y amarillo… y no precisamente por el béisbol.

Y sobre Haití, el discurso oficial vuelve a lo de siempre: crisis allá, presión aquí. Pero repetir el libreto no resuelve nada. El Consejo Presidencial va y viene, y la sensación es la misma: improvisación permanente.

Al final, el ciudadano queda en el medio: pagando más, recibiendo menos y escuchando lo mismo. Aquí no hace falta más explicación. Hace falta gestión.

Y al cierre: En plena Semana Santa —tiempo de recogimiento— en varios puntos de droga lo que sonó fue el silbido de las balas. Allí no hubo restricciones, ni operativos, ni autoridad. Operaron con total normalidad, como si contaran con protección invisible… o demasiado visible.

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