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El fiscal que no se vende ni se dobla

Entre sotana y toga, Jesús María Hernández Parra, un hombre que le habla de frente al poder… y al pecado

 

EL SEIBO, R.D.

En una tierra donde muchos negocian principios por conveniencia, hay un hombre que parece haber salido de otro molde.

Camina con la serenidad de un sacerdote, pero viste toga de fiscal.

Habla bajo, pero actúa firme. Y cuando decide, no hay presión que lo doble.

Se llama Jesús María Hernández Parra, y en los pasillos del Ministerio Público su nombre no se susurra: se respeta.

Pacífico, creyente, temeroso de Dios y apegado a la verdad.

Así lo describen quienes lo conocen. Pero no se equivoquen: su calma no es debilidad. Es convicción.

Hernández Parra no grita, no amenaza… pero tampoco cede.

El fiscal conciliador… hasta que la ley habla

Antes que fiscal, es mediador. Cree en el diálogo, en evitar que dos vecinos terminen en guerra o que compadres rompan lazos por orgullo. Donde otros ven conflicto, él busca entendimiento.

Pero cuando el mal no tiene remedio, su postura es clara: que decidan los tribunales.

Porque para él, la justicia no es capricho… es equilibrio.

Un hombre formado entre la fe y el Derecho

Quiso ser sacerdote. De hecho, estuvo a un paso del seminario. Tomó los exámenes… pero nunca llegaron los resultados. El destino, o la providencia, lo llevó por otro camino: el Derecho.

Aun así, nunca se alejó de la Iglesia. Fue monaguillo por más de 15 años, miembro de coro, y hasta hoy mantiene una vida profundamente ligada a la fe.

Nació en el paraje Cañada Honda, sección El Cuey, en El Seibo. Se formó en la Universidad Central del Este (UCE), donde obtuvo su título en Derecho.

Y desde 1996, sin escándalos ni manchas, ha servido como procurador fiscal.

Más de 25 años con una hoja de servicio en blanco… sin mancha.

“Aquí no hay compadreo”

En un país donde muchos creen tener la razón por insistencia o presión, Hernández Parra tiene otra regla: la razón es de quien la tiene… no de quien más grita.

Rechaza favores, influencias y “compadreo”.

Y eso, claro, no siempre gusta.

Porque cuando alguien no obtiene lo que quiere, llega la molestia, el rechazo… incluso el odio. Y él está claro en eso.

Pero él sigue igual: firme, sin miedo… aunque admite que el miedo existe.

La diferencia es que no lo deja gobernar sus decisiones.

El día que le pusieron precio… y dijo no

El 1 de julio de 2023, en Miches, le hicieron una oferta que habría tentado a muchos: 1.8 millones de pesos por simular un allanamiento de drogas.

Un montaje. Cinco minutos. Dinero fácil.

La respuesta fue inmediata.

Los miró y les dijo que no.

Que él creía en Dios.

Que no era fiscal y narcotraficante al mismo tiempo.

Y que aceptar eso no solo lo dejaría sin dignidad… sino convertido en parte del crimen.

Ese día no solo rechazó dinero.

Defendió su nombre.

Casos grandes, principios más grandes

En 2019 encabezó un operativo histórico en Miches: 444 kilos de cocaína incautados, armas de alto calibre y múltiples vehículos decomisados.

Un golpe fuerte. Pero para él, no es lo más importante.

Su mayor orgullo no está en los casos… está en no haber sido cuestionado jamás.

Un fiscal de otra época

Hernández Parra viene del viejo sistema inquisitorio, donde el poder se concentraba en el juez de la Instrucción. Ha visto cambiar el sistema, las leyes y hasta la política.

Y aun así, se mantiene.

Afirma que nunca ha recibido presiones para torcer decisiones.

Dice que su permanencia se debe a tres cosas: conducta, trayectoria y respeto por la ley.

El hombre que quiere más… pero sin venderse

Hoy aspira a ser procurador fiscal titular de El Seibo.

Y asegura tener lo necesario:

• Valentía
• Capacidad
• Honestidad

Pero más allá del cargo, su legado ya está claro.

Cierre

En tiempos donde la justicia muchas veces se pone en venta, Jesús María Hernández Parra es la excepción incómoda.

  • No negocia.
  • No se arrodilla.
  • No se vende.

Y quizás por eso, en silencio, se ha convertido en un fiscal que incomoda… pero hace falta.

 

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