Inseguridad, corrupción y caos: el “pan nuestro” de cada día en RD
La Procuraduría debe romper el “anillo” enquistado en su filial de El Seibo… Yeni Berenice, abra los ojos antes de quedar atrapada por omisión

Buenos días…
A estas alturas, el gobierno de Luis Abinader ha fracasado en materia de seguridad. La delincuencia no da tregua: asaltos, robos y despojos se han convertido en el verdadero pan nuestro de cada día en República Dominicana. Las quejas surgen por dondequiera.
Hace falta gerencia -y de la buena- en la mayoría de los comandos policiales. Muchos oficiales exhiben rangos que les quedan grandes, otorgados a destiempo, sin la formación ni la experiencia necesarias. Y en seguridad no se improvisa: se construye paso a paso, quemando etapas.
¿Dudas? Dense una vuelta por Sabana Perdida. Los comunitarios lo dicen sin rodeos: salir a la calle al amanecer o después de las seis de la tarde es jugarse la vida. Los delincuentes salen a “trabajar” y los microtraficantes toman el control. En buen dominicano: esto se jodió.
La corrupción tampoco descansa. Cada día estalla un nuevo escándalo. Mientras en el exterior vendemos una imagen de lucha contra la impunidad, puertas adentro la realidad es otra: desorden, complicidad y silencio.
Ahí está la circunvalación de Baní, una obra emblemática convertida en tragedia. La llaman la “Autopista de la Muerte”, y no es exageración. Accidentes constantes y vidas perdidas. Esa vía es hoy un peligro público.
Ojo también, Donald Trump. Parece haber soltado el Caribe, y le están pasando la bola. Eso refuerza la percepción de que su operación tenía un objetivo claro: Nicolás Maduro. Y nada más.
En Haití, la situación es aún más cruda de lo que se dice. Se está maquillando la realidad. Bandas criminales controlan gran parte del territorio, con respaldo de sectores políticos, empresariales -algunos con vínculos en RD- y narcotraficantes. Lo dicen los propios haitianos: el país está fuera de control.
Y en la frontera dominico-haitiana, o no hay control… o hay complicidad. Porque lo que pasa allí no es secreto para nadie. Negocios oscuros, tráfico y silencio. Y hasta ahí lo dejamos.
En el plano judicial, el gobierno del PRM-Abinader carga con una bomba de tiempo. El caso Jet Set será una de sus mayores derrotas. Familiares de víctimas denuncian un “matadero judicial” dirigido desde las alturas del poder. Una vergüenza nacional que tarde o temprano pasará factura. Y solo por favoritismo.
Sobre el “gran diálogo nacional”, muchos ya no creen en cuentos. Dicen que tiene cocoricamo. Ya se han hecho reuniones antes, se trazan planes… y al final el presidente decide solo. Entonces, ¿para qué reunirse?
Como decían los viejos: comisiones que no resuelven, solo benefician a los mismos de siempre.
Un gobierno que realmente gobierna para su gente no necesita vueltas ni excusas para tomar decisiones firmes.
Y atención: en el Ministerio Público, específicamente en El Seibo, hay un “anillo” que debe romperse. La hediondez a cosas raras es evidente. Yeni Berenice, abra los ojos. Indague, investigue y actúe. Porque si no lo hace, se convierte en cómplice. Más aún cuando hay denuncias públicas, incluso de individuos que han admitido vínculos con el microtráfico.
Miches, con su desarrollo turístico, está en una encrucijada. O se protege ahora, o terminará como otros destinos: contaminado por drogas y desorden. El momento de actuar es hoy.
Y al cierre: si Donald Trump realmente quiere hablar de paz mundial y frenar el fuego en Oriente Medio, debe empezar por ponerle freno a Benjamín Netanyahu y su círculo de poder. Luego, mirar hacia el Caribe, donde su estrategia parece haberse enfriado tras el tema venezolano.
Presidente, la paz no se construye con discursos… sino con decisiones reales.
Faride, ¿y esos desordenes viales? ¿Y la PN llevándose motocicletas de parqueos sin sus dueños presentes? ¿A eso le llaman seguridad?



