INTERNACIONALESOPINION

Gaza: el rostro del horror y la vergüenza del silencio

Por la Dirección

En Gaza, la tragedia no ha terminado. Desde hace meses, el pueblo palestino sigue padeciendo el infierno de los bombardeos israelíes.

Las promesas de alto al fuego se convirtieron en simples palabras que se disuelven entre el humo, la sangre y el llanto de miles de inocentes.

Israel, bajo el mando de Benjamin Netanyahu, ha violado sistemáticamente cada acuerdo humanitario que ha firmado.

Los ataques no se han limitado a posiciones militares o supuestos objetivos estratégicos; también han alcanzado escuelas, iglesias, hospitales y campamentos de refugiados, lugares donde el miedo y la desesperación conviven con la esperanza mínima de sobrevivir un día más.

Las cifras estremecen: decenas de miles de muertos, la mayoría mujeres, niños y ancianos, y una cantidad aún mayor de heridos, mutilados y desplazados.

Gaza, un territorio ya devastado, hoy es una fosa abierta, un espacio donde la humanidad parece haber sido enterrada junto con sus víctimas.

El hambre se ha convertido en otra forma de agresión. Los bloqueos impuestos por Israel han impedido el paso de alimentos, medicinas y agua potable.

Niños muriendo de inanición, hospitales sin luz ni insumos, familias buscando entre escombros un pedazo de pan. Esa es la imagen real de Gaza en el siglo XXI.

Y mientras el mundo mira con cansancio o complicidad, surgen voces que elogian lo inaceptable.

Resulta inconcebible que figuras políticas, como la venezolana María Corina Machado, hayan elogiado públicamente a Netanyahu y su gestión en Gaza, calificándolo de líder firme y valiente.

Esa posición, no solo es una vergüenza moral, sino también una afrenta a los valores de la vida y la justicia.

En lugar de alzar la voz por la paz y la dignidad de los pueblos, Machado ha legitimado el odio y la violencia, avalando con sus palabras los crímenes que el mundo entero ha condenado.

Por eso, afirmamos con claridad: quien justifica el exterminio no merece galardones ni reconocimientos, y menos aquellos “premios” manchados con la sangre de inocentes.

La tragedia de Gaza nos recuerda que callar es complicidad, y que justificar el crimen es tan grave como ejecutarlo.

Todo indica que, para la autoproclamada líder opositora venezolana María Corina Machado, la vida humana ha perdido valor, y lo único que parece elevarla es la ambición del poder.

Mientras los misiles sigan cayendo sobre escuelas, iglesias y hospitales, ningún discurso de paz será creíble si no denuncia con firmeza la barbarie israelí y a quienes la aplauden desde la comodidad del poder.

 

 

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