INTERNACIONALES

El colapso financiero ahoga a la ONU

António Guterres alerta sobre un déficit crítico y un “ciclo kafkiano” de endeudamiento; ese organismo pierde autoridad, nadie obedece y nadie paga.

NACIONES UNIDAS

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) atraviesa una de las crisis financieras más severas de su historia, una situación que amenaza con paralizar su funcionamiento básico y comprometer seriamente su capacidad para responder a conflictos, emergencias humanitarias y misiones de paz en todo el mundo.

El secretario general de la ONU, António Guterres, envió recientemente una comunicación formal a los Estados miembros en la que advierte que las reservas financieras del organismo se encuentran prácticamente agotadas y que la institución se acerca peligrosamente a un escenario de insolvencia operativa.

De acuerdo con Guterres, la organización enfrenta un déficit acumulado que ronda los 1.600 millones de dólares, producto del incumplimiento sistemático en el pago de las contribuciones obligatorias por parte de varios países miembros. Esta situación ha generado una presión financiera sin precedentes sobre el presupuesto ordinario y las operaciones esenciales de la ONU.

Un “ciclo kafkiano” de deuda y burocracia

El secretario general describió la crisis como un auténtico “ciclo kafkiano”, en el que la ONU se ve atrapada entre la falta de ingresos reales y las exigencias administrativas de devolver fondos presupuestarios que nunca llegaron a materializarse. En otras palabras, se le exige a la organización cumplir compromisos financieros con recursos que existen solo sobre el papel.

Guterres expresó su preocupación por el hecho de que la ONU esté siendo forzada a operar como si dispusiera de fondos inexistentes, una dinámica que no solo afecta la gestión administrativa en la sede central, sino que pone en riesgo directo el despliegue y la continuidad de operaciones humanitarias, misiones de mantenimiento de la paz y programas de asistencia en regiones altamente vulnerables.

Riesgo para la estabilidad global

Analistas y expertos en relaciones internacionales coinciden en que esta crisis financiera refleja una profunda erosión de la confianza en el sistema multilateral, especialmente entre los principales contribuyentes, cuya demora o negativa a cumplir con sus obligaciones financieras debilita la capacidad operativa del organismo.

La ONU, que depende en gran medida de la cooperación voluntaria y del compromiso político de sus Estados miembros, se enfrenta ahora a un dilema estructural: se le exige actuar como garante de la estabilidad global, pero sin los recursos mínimos necesarios para cumplir ese mandato.

Consecuencias inmediatas

De no resolverse la situación a corto plazo, la organización podría verse obligada a implementar recortes drásticos de personal, congelar contrataciones, suspender proyectos clave y reducir significativamente los programas de ayuda en zonas de conflicto, lo que tendría un impacto directo sobre millones de personas que dependen de la asistencia internacional.

La advertencia de Guterres no es solo un llamado administrativo, sino una señal de alarma política, sin una respuesta coordinada y responsable de los Estados miembros, la ONU corre el riesgo de entrar en una etapa de parálisis funcional, debilitando aún más el ya frágil sistema de gobernanza global.

Ndie obedece, nadie paga

Más allá del déficit financiero, la crisis expone una realidad incómoda, la ONU se ha convertido en un organismo cuyas resoluciones y decisiones son ignoradas sistemáticamente por los propios Estados que la integran.

 Sin capacidad real para hacer cumplir sus mandatos, la organización ha quedado reducida a un foro declarativo, mientras las potencias actúan al margen de sus resoluciones cuando estas no se ajustan a sus intereses.

Esta pérdida de autoridad política ha erosionado la voluntad de financiamiento, empujando a la institución a un colapso económico que es consecuencia directa de su irrelevancia práctica en el tablero internacional.

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