En 1783, los zares de Rusia se “matrimoniaron” con Crimea, señor Zelenski

Por Augusto Álvarez
La importancia de Crimea para Rusia es estratégica y vital, ya que le garantiza el control militar del mar Negro y un acceso directo al Mediterráneo, elementos claves para su seguridad y proyección geopolítica.
Desde tiempos lejanos, el zarismo ruso supo mirar al futuro y, en 1783, selló su dominio sobre Crimea, un territorio desde el cual Moscú ha asegurado históricamente su influencia naval y militar en la región del mar Negro y más allá.
Resulta difícil imaginar que, desde la actual posición de Ucrania, el presidente Volodímir Zelenski pueda ejercer una presión efectiva con miras a obtener siquiera una porción de ese “sabroso pastel” que representa Crimea para los intereses rusos.
Para el líder ruso, Vladímir Putin, Crimea simboliza para muchos ciudadanos rusos un “regreso a casa”, especialmente después de que Nikita Jrushchov transfiriera la península a Ucrania en 1954, en una decisión administrativa tomada en el marco de la entonces Unión Soviética.
Desde esta perspectiva histórica y estratégica, Crimea no es solo un territorio, sino un elemento central de la identidad, la seguridad y la proyección de poder de Rusia en el escenario internacional.



