Barcos de guerra gringos llegan a Haití: ¿cuál es el objetivo real?

Por Augusto Álvarez
Recientemente, tres buques de guerra de Estados Unidos arribaron a la bahía de Puerto Príncipe, Haití, en medio de una profunda crisis política y de seguridad que atraviesa la nación caribeña.
Según la Embajada de EE. UU. en Haití, los barcos —el destructor de misiles USS Stockdale (DDG-106) y dos patrulleras de la Guardia Costera, USCGC Stone y USCGC Diligence— llegaron bajo la dirección del secretario de Defensa, Pete Hegseth, como parte de la “Operación Southern Spear” (“Lanza del Sur”).
Washington ha justificado oficialmente este despliegue como parte de un esfuerzo para combatir el narcotráfico y las redes criminales transnacionales que operan en el Caribe y el Pacífico Oriental, además de fortalecer la seguridad marítima regional y colaborar con las autoridades haitianas.
Las autoridades estadounidenses han declarado que la presencia naval refleja “el firme compromiso de Estados Unidos con la seguridad, la estabilidad y un futuro más prometedor para Haití”.
Este despliegue llega en un momento de inestabilidad política extrema en Haití, a pocos días de que el mandato del Consejo Presidencial de Transición expire sin un sucesor claro tras años sin elecciones generales.
Haití enfrenta también un colapso de la autoridad estatal, con vastas zonas del país dominadas por bandas armadas que controlan territorios, cometen asesinatos, secuestros y saqueos, y socavan la gobernabilidad.
La llegada de los buques se interpreta además como una señal de apoyo diplomático y militar de Washington en medio de tensiones internas, con Estados Unidos imponiendo restricciones de visado y sanciones contra altos funcionarios haitianos a los que acusa de vínculos con pandillas.
Sin embargo, la presencia de buques de guerra a tan corta distancia de las costas haitianas —incluido un destructor armado con misiles guiados— no pasa desapercibida en la región. Analistas y observadores señalan que este tipo de despliegue tiene un peso simbólico y geoestratégico más allá de la lucha contra narcóticos, especialmente en un área que históricamente ha sido considerada por Washington como su “patio trasero” estratégico.
Críticos también ven vínculos entre estas operaciones y la agenda más amplia de la administración estadounidense ante la inestabilidad en América Latina y el Caribe, luego de acciones militares y sanciones que han incluido ataques a embarcaciones vinculadas al narcotráfico en la región y medidas duras contra gobiernos adversarios.



