¿Cuba solidaria… y los beneficiarios dónde están?

Por Augusto Álvarez
La situación de la Cuba solidaria, que ha dado más allá de sus posibilidades reales, no pasa factura. Sin embargo, frente a los potenciales beneficiarios de esa solidaridad sin fronteras, se impone una pregunta incómoda: ¿dónde está hoy la gratitud?
Son muchísimos los brillantes profesionales formados en Cuba, en distintas áreas, especialmente en la República Dominicana. Muchos ejercen como docentes universitarios, gracias a una formación que la patria de José Martí contribuyó a transformar.
Hace apenas meses, cuando la crisis alimentaria y los apagones golpeaban con fuerza a la isla, dominicanos se organizaron para enviar alimentos a Cuba. Hoy, lejos de agotarse, esa solidaridad debería multiplicarse, con el propósito de mitigar los efectos de la política de estrangulamiento impuesta desde el exterior.
¿Resulta tan costoso para quienes se formaron en Cuba, o para aquellos que recuperaron la vida gracias a su sistema de salud, organizar un esfuerzo colectivo de apoyo?
Unir voluntades para enviar furgones con alimentos al pueblo cubano no pone en riesgo visados ni compromisos personales. Pone, en cambio, a prueba la memoria y la conciencia.
Más allá de los profesionales que el sistema cubano ayudó a formar, cabe preguntarse: ¿qué papel están jugando hoy los partidos de izquierda, fragmentados pero aún autodefinidos como vanguardia?
Es tiempo de expresar al pueblo cubano el agradecimiento por aquella solidaridad sin condiciones que ofreció durante décadas. Cuba hoy necesita ayuda, no para mendigar, sino para resistir.
Aún estamos a tiempo de ser más solidarios con el pueblo cubano. Creemos, en particular, que los partidos políticos que se identifican como revolucionarios deberían colocarse al frente, no solo para proclamar solidaridad, sino para demostrar gratitud activa hacia la patria de José Martí.



