Perú: la “democracia perfecta” de la derecha extrema

¡Oh, Perú!
Por decisión y obra de los militares, las élites políticas y la derecha extrema, el país ha llegado a una inestabilidad crónica que ya suma siete presidentes en poco más de una década, convirtiendo la presidencia en un cargo efímero y desechable.
En medio de ese caos institucional, José Jerí Ramón, figura clave del Congreso y actor central del actual ajedrez político, aparece como una pieza más de un sistema donde el poder real no se ejerce desde Palacio, sino desde los grupos que deciden quién entra y quién sale.
A pocos días de que la nación andina se encamine a un nuevo proceso electoral, la amenaza de destitución y judicialización pende como espada permanente sobre cualquier figura que ose ocupar el poder. En Perú, gobernar es caminar directo hacia los tribunales.
Barbadillo: la antesala del poder caído
Mientras los actores políticos esperan la decisión de los verdaderos dueños del país, la prisión de Barbadillo, conocida como la cárcel de los expresidentes, parece tener siempre espacio disponible.
Allí ya han pasado —o esperan pasar— varios exmandatarios.
Tanto el actual gobierno como la expresidenta Dina Boluarte parecen formar parte de un mismo libreto: todos iguales, todos prescindibles, todos potencialmente encarcelables.
En el Perú de hoy, un presidente puede ser enviado a prisión no solo por corrupción, sino incluso por escándalos personales, como se llegó a comentar en el caso del expresidente Martín Vizcarra,0 según informaciones divulgadas en su momento.
La pregunta incómoda
Si finalmente se judicializa o se aparta del poder a la figura que hoy domina el escenario político, ¿quiénes quedarían realmente habilitados para competir en las elecciones de abril?
¿Habrá candidatos, o solo administradores temporales del caos?
En el Perú actual, la democracia no se vota: se negocia, se destituye y se encarcela.
Y el ciclo, lejos de cerrarse, sigue repitiéndose.



