Mentir desde las alturas oficiales causa más daño que beneficios

Por Augusto Álvarez
No hay escapatoria para ningún rincón de la vida nacional si tomamos en cuenta las implicaciones económicas que arrastra el petróleo.
Desde que se intensificaron los enfrentamientos en las naciones del Golfo Pérsico, quienes aseguraban que no habría consecuencias para nuestras economías, simplemente mintieron. Ahora deben enfrentar la realidad y mostrar el liderazgo que quizás preferían reservar para los tiempos electorales.
Expertos en economía y en política internacional habían advertido sobre la necesidad de prepararse. Desde el momento en que se percibió que una gran parte del comercio energético mundial transita por los 13.4 kilómetros del Estrecho de Ormuz, quedó claro que cualquier conflicto en esa zona terminaría salpicando a todo el planeta.
Las principales empresas energéticas de Estados Unidos han comenzado a utilizar parte de sus reservas estratégicas, ante la incertidumbre de que el conflicto en el Medio Oriente pueda resolverse rápidamente. Muchos analistas dudan de que Donald Trump y Israel logren una salida inmediata a la crisis.
Mientras Donald Trump sostiene que los bombardeos realizados conjuntamente con Israel contra Irán pondrán fin a las hostilidades, el primer ministro Benjamín Netanyahu advierte que la confrontación podría prolongarse y que la “rendición” del régimen islámico no será un proceso corto.
En medio de este panorama, y mientras se habla incluso de posibles sucesores del liderazgo religioso que surgió tras la revolución encabezada por Ruhollah Jomeini, los volátiles precios del petróleo continúan golpeando a las economías más frágiles y profundizando la pobreza en los países que dependen de ese preciado oro negro.



