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El despotismo de los poderosos

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 AYUDAME A SALVAR UNA VIDA 

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

La paranoia de un paísNo sé si decir despotismo del poder, falta de humildad, de educación o de trato cortés apegado a los estándares más simples de las relaciones humanas.

He vivido tanto entre poderosos, gobernantes, militares, adinerados, funcionarios, altos ministros de la Iglesia, llámese sacerdotes, obispos, en fin, con algunas personas de trato tan afable y delicado, otras menos humildes.

A veces sentimos que, debemos ser tratados con cierto respeto, consideración, cariño, pues nos hemos visto enmarcados en una posición de servicio, apoyando a los demás en las buenas y en las malas, que, lo que menos esperamos es que nos devuelvan en un momento determinado con el mismo respeto.

Recuerdo, por ejemplo, cuando visitaba aquella residencia de mi amigo político en los tiempos del presidente Balaguer, en las que, en algunas fiestas, se encontraban altos funcionarios y militares de alto rango, cómo el que estaba en desgracia, algo aislado, era acompañado por Víctor Martinez, para acogerlo con tacto y mucho amor, evitando así que se sintiera derrotado.

Mi condición de psicólogo, educador y religioso motivaban a innumerables sacerdotes hermanos y hasta obispos a confiar en mí, consultando y, en ocasiones desahogando situaciones difíciles.

Horas inmensas visitando hogares en los que las desgracias, contratiempos, dificultades entre padres e hijos, entre parejas, ya por conflictos, muertes, divorcios, invadían la paz de un determinado hogar y era yo la figura ideal para ser llamado de emergencia.

Bodas, bautizos, bendiciones, porque el diácono que predicaba bonito era el ideal, lo más difícil eran los difuntos cuando tenía que estar visitando las funerarias por ser las palabras que Dios ponía en mi corazón, el mejor aliciente para las familias.

Familiares de presidentes, políticos y militares de alto rango, a quienes había que atender en la clandestinidad para recibir una orientación o apoyo emocional en un determinado momento de confusión.

Y todo esto, sin facturar, pero sintiéndome un apóstol del Señor por que aprendí desde temprana edad a Glorificar al Padre sembrando en los corazones de quienes me rodeaban. Y eso que, ni hablar de la labor realizada a través del colegio con miles de familias.

He mencionado todo esto porque a pesar de sentirme orgulloso y satisfecho de la labor que, aun realizo, en nombre de Mi Señor, no deja de molestarme, cuando desde la distancia llamas a alguien y al preguntarle como está, te responde aquí ocupado, con un tono de dime rápido, no puedo atenderte, o cuando visitas a un jefe, funcionario, o personaje importante, para saludarle se para del escritorio y te recibe en la puerta de la oficina.

Lo que más duele es cuando un exalumno a quien dedicaste tantas horas para educarlo, formarlo, conducirlo, orientarlo, te ignora, haciéndose que no te conoce, no tomándote el teléfono, o subiéndote los vidrios, como decimos los dominicanos, haciendo caso omiso a tu labor realizada.

Aprendí que, a la gente se atiende cuando te necesita, aprendí a escuchar siempre con atención, sin importar que sea un niño o anciano, a valorar y respetar el trabajo y la labor del otro, aun sea la de quien limpia los baños, a tomar de inmediato el teléfono cuando alguien llama, a decir presente en la vida de todos, con o sin dinero y lo que es mejor aún, a orar cinco veces al día por todo el que se cruza en mi camino o mente.

Trabajar en la Empresa de Dios 24/7, ha reforzado mi labor apostólica una vez más y me ha mostrado el valor de la humildad, lealtad, del amor y de la amistad.

La Biblia nos invita a dar sin esperar nada a cambio, para conseguir mayor felicidad. Aprender a dar es un ejercicio de constancia y solidaridad que debemos practicar todos los días, desde los gestos más pequeños. 

Jesús ha dicho que “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hechos 20:35).

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por nuestra hermana Nathalia Martinez.

Hasta la próxima.

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