NACIONALESOPINIONSALUD

Un sistema que cura caro lo que pudo prevenir barato

Un sistema que cura caro lo que pudo prevenir baratoPor Margarita de la Rosa

No entiendo cómo funciona realmente nuestro Sistema de Seguridad Social. Esta inquietud surge a propósito de todas las falencias que ha sacado a la luz la crisis de SeNaSa, una situación que ha desnudado un modelo más reactivo que preventivo.

En la práctica, no se prioriza la prevención, sino la curación, aun cuando esta resulta mucho más costosa para el propio sistema. Y ante esa realidad surgen preguntas inevitables:

  • ¿A quién beneficia un sistema que actúa solo cuando la enfermedad ya está instalada?
  •  ¿Es simple ineficiencia o existe un interés estructural en que la prevención no sea prioridad?

Porque resulta imposible no preguntarse si este modelo termina haciendo más ricos a quienes venden servicios curativos, hospitalizaciones, procedimientos y medicamentos de alto costo, mientras se descuida la atención temprana, el seguimiento y la educación en salud.

¿No es acaso mucho más económico y humano prevenir una fractura de cadera en una persona envejeciente, mediante controles, tratamientos preventivos y acompañamiento oportuno, que enfrentar luego una cirugía, hospitalización, rehabilitación y posibles complicaciones?
¿No debería ese ser el enfoque lógico de un sistema que se llama “de seguridad social”?

Estas interrogantes no son teóricas. Tienen rostro humano, tienen facturas impagables y tienen afiliados que descubren, demasiado tarde, que la prevención no cotiza, pero la enfermedad sí.

Mientras el sistema continúe apostando a la enfermedad y no a la prevención, la seguridad social seguirá siendo un negocio para unos pocos y una frustración permanente para la mayoría. Un modelo que llega tarde, que actúa cuando el daño ya está hecho y que traslada el costo económico y humano al afiliado, no puede llamarse solidario ni justo.

La crisis de SeNaSa no es un hecho aislado: es la consecuencia de un sistema que ha normalizado la desprotección, que prefiere pagar cirugías antes que evitar caídas, hospitalizaciones antes que acompañamiento, tratamientos costosos antes que políticas preventivas reales.

La pregunta final es ineludible y debe interpelar a los responsables:
– ¿Queremos una Seguridad Social que proteja la vida o una que administre la enfermedad?

Porque mientras esa respuesta no cambie, el envejecimiento, la pobreza y la enfermedad seguirán siendo terreno fértil para un modelo que, lejos de prevenir, factura.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba