Cuando la guerra no es tuya, pero la factura sí llega

Por Margarita de la Rosa.
Impactos posibles del conflicto entre Estados Unidos y Venezuela en la economía dominicana.
Aunque República Dominicana no es parte del conflicto político y militar que se agudiza entre Estados Unidos y Venezuela, sus efectos colaterales podrían sentirse con fuerza en nuestra economía.
En un contexto global marcado por la interdependencia, los países pequeños y altamente importadores suelen pagar costos que no provocan.
El impacto más inmediato y sensible sería el energético. Venezuela sigue siendo un actor relevante en el mercado petrolero regional y cualquier escalada que altere su producción, exportación o las rutas de comercialización introduce incertidumbre en los mercados internacionales.
Esa incertidumbre suele traducirse en aumentos del precio del petróleo, mayores costos de transporte y seguros marítimos. Para un país como República Dominicana, que importa casi la totalidad de la energía que consume, esto se refleja rápidamente en alzas en combustibles, transporte, electricidad y alimentos, con presión directa sobre la inflación y el costo de vida.
A nivel financiero, los conflictos geopolíticos elevan la percepción de riesgo, encarecen el crédito internacional y afectan los flujos comerciales.
Aunque la economía dominicana mantenga estabilidad macroeconómica, el costo de importar bienes esenciales puede aumentar, obligando al Estado a tomar decisiones difíciles: absorber parte del impacto mediante subsidios o trasladarlo a los consumidores.
El intercambio comercial directo con Venezuela hoy no representa un volumen determinante para la economía nacional, pero no es irrelevante. Empresas específicas, exportadores puntuales y sectores vinculados a servicios, pagos y logística pueden verse afectados si la crisis se prolonga. A ello se suma un factor social delicado: la migración. Un deterioro mayor de la situación venezolana suele generar nuevos flujos migratorios en la región, lo que supone retos adicionales en empleo, salud, educación y cohesión social, especialmente cuando no existe una política migratoria suficientemente planificada.
Otro efecto indirecto es el impacto en la percepción internacional.
Aunque República Dominicana no esté involucrada en el conflicto, la narrativa de inestabilidad regional puede influir en decisiones de inversión, seguros y turismo, un sector particularmente sensible a cualquier señal de riesgo, aun cuando esta no tenga correlato real en el territorio nacional.
En conclusión, el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela no representaría para República Dominicana una crisis política, sino una prueba económica y social. Una prueba que exige monitoreo constante, políticas preventivas y capacidad de respuesta oportuna. Minimizar los riesgos o reaccionar tarde puede resultar más costoso que anticiparse.
En el tablero geopolítico global, los países pequeños rara vez deciden las jugadas, pero con frecuencia terminan pagando parte de la cuenta.



