
Mensaje 4291
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
Como yo busco la presencia de Dios en cada acontecimiento de mi vida, quise compartir con ustedes lo que fue un deseo jocoso, expresado a los Miembros de nuestra Fundación Vidas en Desarrollo y cómo se siente la presencia de Dios.
El pasado 11 de enero decidí salir de la casa después de varios días encerrado, con mucho frio y viendo por mi ventana los primeros copitos de nieve caer, y es que de no ser así la salud podría afectarse.
Respirar aire puro, ver gente, caminar, permitir que las energías se muevan en el hogar y fluyan en uno mismo, liberando pensamientos y sentimientos, todo esto contribuye con nuestra salud física, mental y espiritual.
Después de hora y media caminando y montando en autobuses, llegué al centro de la ciudad, mi querido Kizilay, me senté en mi acostumbrado café y después de un caliente capuccino, me brindaron un calientico té, dado el cariño que me he ganado de los empleados del lugar, lo que hizo que mi estadía fuera más prolongada.
Al estar ahí me distraigo mucho observando a la gente, cuando veía la nieve caer me llegó un deseo inmenso, que lo expresé a mis hermanos de la comunidad, de tomarme un sancocho dominicano, para mis seguidores de otros países, una gran sopa con varios tipos de carnes, víveres diferentes etc.
Al final y para mi sorpresa me ofrecieron 42 sancochos con expresiones cariñosas, jocosas, divertidas y el acostumbrado “ven para acá para hacértelo”.
Dígame usted, ¿no es para que Víctor Martinez se sienta feliz en medio de la nostalgia causada por la lejanía y el frio? Es ahí cuando doy gracias a Dios por los que me quieren, me recuerdan y quienes, aunque no lo expresen, oran en silencio por mí.
Un simple sancocho en mi imaginación generó alegría en mi corazón.
¿Es o no una razón para buscar la presencia de Dios en cada acontecimiento de mi vida?
Antes de que oscureciera, salí camino a mi casa, deseoso de tomar un taxi y no coger lucha, pero como no se puede, opté por mi abarrotado autobús, parado, más de una hora para llegar y otros tantos minutos para caminar.
Son aprendizajes de vida que me encantan, darme un baño de pueblo, observar a la gente, cansarme y llegar con las pilas puestas para continuar mi acostumbrada rutina de vida.
¡Viva Dios!, ¡vivan mis hermanos dominicanos!, ¡Ah! y viva el sabroso sancocho, buen provecho.
Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por nuestra hermana Mariana Rodríguez.
Hasta la próxima.



