
Mensaje 4665
AYUDAME A SALVAR UNA VIDA
Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?
Hoy te escribo a ti que decidiste escucharme, ahora estás tan lejos de mí, pero tan cerca, porque la mente y el corazón viajan en el tiempo y en un segundo se conectan.
A ti que guardas heridas en tu corazón y me guardas rencor, sin darte cuenta de que, no vale la pena guardar rencor, pues te hace daño.
Si pudiera volver el tiempo atrás, que diferente sería todo, es ahí donde los seres humanos después de vivir un proceso de maduración y crecimiento espiritual, pasamos balance, nos queremos arrepentir de lo que pudo haber sido y no fue, de cómo pudimos haber hecho mejores las cosas, y evitar lo que nunca debimos hacer, pero ya es tarde, muy tarde, hoy solo nos queda sentir la satisfacción del deber cumplido, si lo hicimos bien, o la angustia y el dolor al vivir con la conciencia intranquila y nunca lograr un sueño en paz, pues como Dios nos habla a través de la conciencia, Él se encarga de reclamarnos y amonestarnos.
Refranes con mucha sabiduría dicen: “todo obra para bien”, “siempre hay un bien escondido detrás de cada situación”, “en la vida todo pasa”, pero hay cosas que no las queremos dejar pasar, que la llevamos en las profundidades del alma y que duelen.
Sin embargo, hoy te digo que, si bien es cierto lo que piensas, no es menos cierto que ese lugar en tu interior le pertenece al Espíritu Santo, tal como nos lo dijo el Señor en la 1 Corintios 6: “¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? Ustedes no son sus propios dueños.”
No vale la pena guardar basura, resentimientos, falta de perdón, recuerdos desagradables que están ocupando un lugar santo y le quitan espacio a la presencia del Espíritu Santo en ti, podría ser esta una gran prueba en tu vida, recuerda que el seguidor de Cristo, perdona, hace el bien sin mirar a quien, y de forma figurada, pone la otra mejilla, tal vez no para que te den otra galletada, pero sí para mostrar la otra parte de tu rostro, el de un ser humano bueno, arrepentido, de buen corazón, capaz de atravesar por esta gran prueba y salir fortalecido, pues al final la justicia divina se encarga de juzgar y en su momento dará su merecido a cada cual.
Siempre he dicho que la mayor lección, que le puedes dar a quien te dañó, es el perdón, la sonrisa, extenderle la mano y ojalá, Dios te lo ponga en tu camino en un momento de necesidad, para sostenerlo, al final “si alguien te quita la camisa, dale también el abrigo”, nos dice el Padre, con esta actitud tu crece y ganas tu lugar privilegiado, en los caminos de Dios.
Víctor Martinez ha querido compartir hoy contigo esta reflexión con la intención de que sanes en lo más profundo del alma y corazón, pues guardar sentimientos negativos afectan tu salud, te producen cáncer, te generan energías negativas que te estorban en tu proceso de evolución, crecimiento espiritual y prosperidad.
Y si se tratara de mí, y hay alguien que se ha sentido ofendido, herido o maltratado, por mi comportamiento o actitudes, solo que queda pedirte perdón, mientras, yo estaré pidiendo toda la vida por mis enemigos, por los que no me quieren o aquellos a quienes dañé o se sintieron ofendidos alguna vez y perdonaré siempre a quienes me hirieron a mí.
Te invito a orar conmigo:
“Querido Dios, vengo delante de ti con el corazón arrepentido y humilde, reconociendo mis fallas y pecados. Sé que muchas veces caminé por senderos que no te agradan, tomando decisiones basadas en mi propia voluntad, y no en la tuya.
Perdóname, por favor, por todas las veces que fallé al no amar, perdonar y actuar conforme a tus enseñanzas. Perdona, Señor, mis pensamientos impuros, mis palabras duras y actitudes que lastimaron a otros. Confieso que soy pecador y dependo totalmente de tu gracia y misericordia.
Señor, limpia mi corazón y renueva tu Espíritu en mí. Ayúdame a vivir conforme a tu Palabra, buscando agradarte en todas las áreas de mi vida. Que tu Espíritu Santo me guíe, aconseje y fortalezca, para que no vuelva a caer en las mismas tentaciones. Te agradezco, Dios, por tu amor incondicional y por el sacrificio de Jesús en la cruz, que me alcanzó y me dio la esperanza del perdón y de la vida eterna.
Sana las heridas de quienes haya dañado con mis actitudes y comportamientos y bendícelos.
Perdóname, Padre. Transforma mi corazón, Señor, para que viva en santidad y obediencia. En el nombre de Jesús, amén.”
Hoy vamos a meditar acerca del matrimonio de María y José, capitulo 7 de nuestro libro.
Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por nuestro hermano Bolívar Troncoso. Bendícelo, Señor.
Hasta la próxima.



