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Así somos los buenos católicos

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Mensaje 4204

  AYUDAME A SALVAR UNA VIDA  

 

 

Hola, amigos, ¿qué tal? Merhaba, arkadaslar, ¿nasilsiniz?

REFLEXIONESVíctor Martinez no tiene nada en contra de sus hermanos católicos, pero como aquí nací, crecí y me multipliqué, me ordené y ejercí, conozco muy bien la idiosincrasia del católico.

Los católicos somos los religiosos más acomodados, vamos a la Iglesia pero si la Misa es muy larga, no nos gusta, si el cura no habla bonito, me aburre, si no hay aire acondicionado o los sillones son muy duros, prefiero no ir, ¡ah! y cuando recogen la limosna si es que aporto algo, apenas hecho unas moneditas.

Queremos bautizar a nuestros niños en exclusividad, no en el grupo, pero a la hora de aportar algo por el bautizo somos tan barbarazos que apenas damos unos pesos; no nos gusta confesar, pues yo me confieso directamente con Dios, faltamos a Misa pero comulgamos como si no hubiésemos hecho nada, lo mismo sin las debidas disposiciones.

Al casarnos, montamos todo un show social, gastamos dinero en una boda cuyas cifras tienen muchos ceros, pero no queremos dar una buena limosna a la Casa de Dios, cuando esa es la parte principal de la ceremonia, es más, pienso que deberíamos diezmar, la boda cuesta dos millones, déjale al Señor doscientos mil pesos, pero… y es fácil, apenas quieren dar mil.

Cada vez nos vestimos de manera más inadecuada para visitar al Señor y muchos viven del figureo de ropa los domingos por pertenecer a una comunidad de gente adinerada.

Me acuerdo cuando me tocaban los funerales, todos querían predicas bonitas, tres horas en ir, celebrar y volver, gastar tiempo y gasolina, pasar trabajo para encontrar un parqueo alrededor de la funeraria, el desgaste emocional que esto conlleva y cuando te ibas ni las gracias te daban, porque estaban llorando, pero como tú eres un ministro de Dios no tienes que pensar en el dinero, porque tú no comes, ayunas.

Los retiros espirituales de un día entero para los hijos, hablando, predicando, calando en esos corazones de jóvenes rebeldes, cantando y brincando con ellos para caerles bien, tratando de impactarlos, material gastable, meriendas y comidas, pero los padres se quejaban por lo que se cobraba para cubrir gastos, sin embargo, querían de vuelta un hijo transformado.

Nosotros los católicos somos difíciles, tenemos tan poca conciencia de las cosas de Dios que, hasta las ayudas para la proliferación de la Palabra de Dios por el mundo entero, dan trabajo, para muchos eso es lo último del presupuesto, pero quieren que el Señor los tenga de primero.

Si salimos de la Iglesia y nos vamos al ambiente de trabajo un buen católico debe ser el más puntual y responsable en su trabajo, cumpliendo con su deber y siendo ejemplo en la empresa, ser amigable, no generar conflictos, educado, cortés, colaborador, que se vea a una persona diferente porque lleva al Señor en su corazón y lo está predicando con su ejemplo.

Un buen católico no murmura, ni chismea, ni critica, ni juzga, comprende, acepta, acoge, ayuda, orienta, lleva paz a todo el mundo, no discordia, ni falta de amor.

Es transparente, ético, no roba, no anda de promiscuo detrás de los hombres o mujeres, no se vanagloria de sus malas acciones, es modesto, no es orgulloso, es respetuoso, no envidia, ni es vanidoso, es sencillo y humilde.

Camina con una mano en el corazón y otra en el bolsillo ayudando a todo el que pueda, amando a su prójimo como a sí mismo. 

Un buen católico es quien al leer este artículo lo medita en su corazón y se revisa.

Este mensaje ha llegado a todos ustedes gracias al apoyo recibido por nuestra hermana Ariam Troncoso.

Hasta la próxima.

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