Entre la esperanza y la decepción: una herida más al sistema de salud dominicano

Por Margarita de la Rosa
Nunca he sido de las personas que se hacen demasiadas ilusiones con nuestros políticos cuando llegan al poder.
La experiencia, los años y las decepciones acumuladas me enseñaron a mirar con prudencia, a no idealizar, a mantener siempre una distancia crítica.
Desde que dejé atrás mi militancia juvenil en la izquierda, tomé una decisión consciente: no pertenecer a ninguna secta política, no dejarme arrastrar por fanatismos, no entregar mi confianza a ciegas. Preferí apostar por la independencia de pensamiento, por la vigilancia ciudadana, por la ética.
Sin embargo, confieso que en el caso del doctor Mario Lama, exdirector del Servicio Nacional de Salud, sentí, aunque fuera mínima, una chispa de esperanza.
Lo escuchaba hablar con firmeza.
Lo veía criticar prácticas del pasado.
Lo oía defender, con vehemencia, la necesidad de hacer las cosas bien en el sector salud.
Y pensé: “Quizás este sea diferente. Quizás, al menos, intente marcar una distancia”.
Hoy, esa pequeña esperanza se me desmorona.
Las denuncias que estremecen las redes sociales y los medios de comunicación no solo afectan una imagen personal. Golpean directamente la confianza de un pueblo cansado, herido, y muchas veces resignado.
Se habla de más de RD$13 mil millones adjudicados bajo contratos de excepción, de los cuales RD$9,100 millones habrían ido a una sola empresa, bajo el mecanismo de “exclusividad”, evitando la competencia abierta, limitando la transparencia y debilitando los controles.
No se trata solo de números.
Se trata de vidas.
Se trata de pacientes.
Se trata de hospitales públicos.
Porque quienes acuden a los hospitales del Estado no lo hacen por gusto. Lo hacen porque no pueden pagar una clínica privada. Lo hacen porque no tienen otra opción. Lo hacen porque su realidad económica los empuja a depender de un sistema que debería protegerlos, no convertirse en un botín.
Cuando el sector salud es saqueado, el daño no es abstracto. Es concreto: es una cama que falta, es un medicamento que no llega, es un tratamiento incompleto,
es un paciente que sufre.
Diversos sectores, entre ellos la Alianza Dominicana Contra la Corrupción, han señalado la falta de información pública sobre el impacto real de estos contratos. La comunicadora Noelia Hazim ha cuestionado, con razón, cómo una sola empresa pudo concentrar tantos recursos sin encender alarmas en los organismos de control.
Son preguntas legítimas.
Son dudas necesarias.
Son reclamos ciudadanos.
Y más aún cuando el propio director actual del SNS, Julio Landrón, ha anunciado la suspensión de estos procesos para buscar mayor transparencia.
Eso, por sí solo, ya dice mucho.
El sector salud ha sido,históricamente, uno de los más golpeados por la corrupción en nuestro país. Uno de los más saqueados. Uno de los más manipulados. Y por eso duele tanto ver cómo, una vez más, se repite el mismo patrón.
Muy bonito fue el discurso en la oposición.
Muy firmes fueron las críticas al pasado.
Muy coherentes parecían las palabras.
Pero gobernar es demostrar con hechos lo que se predica con la voz.
Como ciudadana, como periodista, como mujer comprometida con su comunidad, no escribo estas líneas movida por odios ni por intereses partidarios. Las escribo desde la decepción, desde la preocupación, desde el amor por un país que merece algo mejor.
No se trata de linchamientos mediáticos.
Se trata de justicia.
Si hubo irregularidades, deben investigarse.
Si hubo abusos, deben sancionarse.
Si hubo daños al erario, deben resarcirse.
Y si hay responsables, deben responder ante los tribunales.
Así como se exige transparencia a otros, también debe exigirse a quienes ayer se presentaban como diferentes.
La lucha contra la corrupción no puede ser selectiva.
No puede depender del color político.
No puede ser un discurso de campaña.
Debe ser una práctica permanente.
Nuestro pueblo merece un sistema de salud digno.
Nuestros enfermos merecen respeto.
Nuestros recursos merecen cuidado.
Y nuestra confianza, tan maltratada, necesita razones reales para volver a creer.



