Los “huecos” en la frontera dominico-Haití

Por Augusto Álvarez
Tres haitianos venían cruzando. Tres cazadores apuntando. Cada cual disparó y cazó. Y ellos siguieron cruzando…
En realidad, el trasiego por la frontera común, antes de verificar los llamados “huecos” —que quizás ni existan físicamente— obliga a preguntarse qué se sabe de la conciencia colectiva de quienes tienen la responsabilidad de proteger nuestra soberanía.
Negar que de cuando en vez existe trasiego equivale a tratar de tapar el sol con el meñique.
Citar el cruce de colombianos implicados en el magnicidio de Jovenel Moïse sería llover sobre mojado. Y, más recientemente, el traslado desde algún punto de Haití de mujeres violadas y asesinadas hasta un río en Elías Piña constituye una evidencia aún más cruda de huecos en la conciencia de quienes sostienen la soberanía.
Cualquier estudioso de la historia se preguntaría: ¿Todavía el río Masacre se cruza a pie?
Objetivamente, las detenciones de vehículos dentro del territorio nacional nos conducen a gritar, con razón: “¡Siguen entrando! ¿Cómo lo hacen?”
Tenía razón el profesor Juan Bosch cuando hablaba de “vergüenza contra dinero”.



