No dejemos solos a nuestros hermanos de Cuba

Por Margarita de la Rosa
Así como fijé mi posición con firmeza ante el silencio de la mayoría de los gobernantes frente al genocidio de Israel en Gaza, en esta oportunidad levanto mi voz de protesta por el silencio que mantiene nuestra clase política, en particular la de la República Dominicana, frente al estrangulamiento que Estados Unidos está imponiendo contra el pueblo cubano.
Un pueblo que siempre nos ha brindado solidaridad y nos ha extendido su mano en momentos difíciles. Los vínculos históricos entre Cuba y la República Dominicana —desde la presencia de José Martí entre nosotros, hasta las aportaciones médicas, culturales y de hermandad popular forman parte de una historia de amistad y reciprocidad que no se puede ignorar ni abandonar ahora que Cuba enfrenta una situación verdaderamente calamitosa, independientemente de que no se esté de acuerdo con su sistema de gobierno.
Actualmente, y según múltiples reportes internacionales, Cuba está sufriendo una de sus crisis más profundas en décadas.
La reimposición y endurecimiento de las sanciones estadounidenses ha intensificado el corolario de un embargo de más de seis décadas, llevando a apagones que cubrirían hasta el 64 % del país, cortes de electricidad prolongados y una severa escasez de combustible que paraliza el transporte, el suministro de agua, la producción y los servicios básicos.
Las restricciones también han provocado que aerolíneas cancelen vuelos por falta de combustible, afectando no solo la movilidad de ciudadanos, sino el turismo una fuente vital de divisas y el acceso a insumos esenciales.
La presión económica se ha agudizado tras la intervención estadounidense en Venezuela, que cortó el suministro de petróleo proveniente de ese país, tradicional aliado energético de Cuba.
Organizaciones de la sociedad civil y académicos internacionales alertan que este tipo de políticas pueden llevar a un colapso humanitario y social si no se atiende con urgencia.
Frente a esta situación, las autoridades cubanas han responsabilizado directamente a la política estadounidense por el desgaste de la economía y la crisis energética, a la vez que han expresado su disposición al diálogo si se respeta la soberanía nacional.
Un silencio insostenible desde nuestros gobiernos mientras la comunidad internacional se debate entre condenas, diálogos y pronunciamientos, lo más preocupante es ese sordo silencio de muchos gobiernos de América Latina, incluyendo el nuestro, ante lo que podría convertirse en una tragedia humanitaria de grandes proporciones.
Es ampliamente visible que la presión externa agravada por decisiones unilaterales de Estados Unidos está exacerbando un sufrimiento que ya golpea con fuerza a sectores populares, familias, campesinos, estudiantes y trabajadores cubanos.
Los pueblos latinoamericanos, y en particular los dominicanos, sabemos lo que significa la solidaridad en los momentos difíciles. Cuba la practicó con nosotros: reconocemos y honramos esa historia compartida.
Un llamado firme a nuestros gobernantes.
Por ello, hago un llamado claro y respetuoso al presidente de la República Dominicana y a todos nuestros representantes: Que no dejemos solos a nuestros hermanos cubanos.
Que elevemos nuestra voz en foros multilaterales, en nuestros espacios diplomáticos y frente a la opinión pública internacional.
Que promovamos iniciativas de ayuda humanitaria que respeten la soberanía de Cuba y que contribuyan al bienestar de su pueblo.
Esta no es solo una cuestión geopolítica: es una cuestión de humanidad, de justicia y de coherencia histórica con nuestros principios de solidaridad latinoamericana.



