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Sembrar respeto desde la infancia: única vía real para frenar los feminicidios

 

¡Basta de parches! Cero decretos simbólicos… más educación contra el feminicidio y la violencia

 

Sembrar respeto desde la infancia: única vía real para frenar los feminicidiosPor Margarita de la Rosa

La alta incidencia de feminicidios en la República Dominicana se ha convertido en una herida abierta en nuestra conciencia social.

Cada nombre, cada historia truncada, cada familia rota nos recuerda que estamos fallando como sociedad. No basta con lamentar, no basta con indignarnos por unos días, no basta con multiplicar campañas que se diluyen en el tiempo. Urge ir más profundo. Urge ir a la raíz.

Y la raíz está en la infancia.

Durante años hemos insistido en medidas reactivas: leyes, sanciones, discursos, estadísticas, anuncios publicitarios. Todo eso es necesario, sí, pero insuficiente. Porque ninguna sociedad logra transformar su conducta si no transforma primero la manera en que forma a sus niños.

El respeto hacia la mujer no nace por decreto.

La empatía no surge por obligación.

El control emocional no se improvisa en la adultez.

Se aprende desde pequeño. Se cultiva en casa. Se refuerza en la escuela. Se afirma en la comunidad.

La familia es la primera escuela del respeto

El hogar es el primer escenario donde el niño aprende a mirar al otro. Allí observa cómo se habla, cómo se discute, cómo se ama, cómo se corrige. Si crece viendo violencia, desprecio, control y machismo, difícilmente aprenderá otra forma de relacionarse.

Pero si crece rodeado de diálogo, afecto, límites sanos y respeto mutuo, se le estará sembrando una base sólida para la vida.

Educar no es solo alimentar y vestir.

Educar es formar conciencia.

Las escuelas como formadoras de ciudadanos no pueden limitarse a enseñar matemáticas y lenguaje. Deben formar seres humanos completos: capaces de manejar frustraciones, respetar diferencias y resolver conflictos sin violencia.

La educación emocional debe ser parte central del currículo. Aprender a nombrar lo que se siente, a pedir ayuda, a aceptar un “no”, a convivir sin dominar.

Eso salva vidas.

Las iglesias y organizaciones: acompañar, no solo predicar

Las iglesias, clubes, juntas de vecinos y organizaciones sociales tienen un rol esencial. No basta con hablar de valores en abstracto. Hay que acompañar procesos reales: talleres, orientación familiar, programas de crianza, espacios de escucha.

La prevención se construye con presencia, no con discursos aislados.

El refuerzo constante: formar es un proceso, no un evento

Educar en respeto no es una charla ocasional. Es un trabajo continuo. Desde la niñez, pasando por la adolescencia, hasta la adultez temprana.

Cada etapa necesita acompañamiento

Si abandonamos al niño emocionalmente, si normalizamos la agresividad, si justificamos los celos enfermizos como “amor”, estamos sembrando violencia futura.

No más ramas: vayamos a la raíz

Mientras sigamos actuando solo cuando ocurre una tragedia, seguiremos contando víctimas.

Mientras no asumamos como sociedad que formar hombres respetuosos es una tarea colectiva, los esfuerzos serán parciales.

El verdadero cambio comienza en la cuna.

En la palabra que se dice en casa.

En el ejemplo cotidiano.

En la forma en que enseñamos a amar sin poseer.

Sembrar hoy para salvar mañana

La violencia contra la mujer no se combate solo con castigos. Se combate formando conciencia.

Cada niño educado en respeto es una mujer protegida en el futuro.

Cada hogar consciente es una barrera contra el feminicidio.

Cada comunidad comprometida es esperanza.

Si queremos resultados distintos, debemos empezar distinto.

Y ese comienzo está en la infancia.

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