Desde este rincón del mundo: mi impresión sobre la narrativa de esta guerra

Por Margarita de la Rosa
En los conflictos contemporáneos no solo se enfrentan ejércitos. También chocan discursos, versiones e interpretaciones que buscan influir en la opinión pública mundial.
Desde este pequeño rincón del Caribe, como una observadora me detengo a mirar cómo se construyen esas narrativas en medio de la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán.
En tiempos de guerra, la verdad suele quedar atrapada entre versiones enfrentadas.
Cada actor intenta imponer su interpretación de los hechos, mientras los ciudadanos del mundo asistimos a una avalancha de informaciones, rumores, propaganda y análisis interesados que hacen cada vez más difícil distinguir con claridad lo que realmente ocurre.
El conflicto que hoy mantiene en tensión a Estados Unidos, Israel e Irán no escapa a esa realidad.
Desde distintos frentes se emiten mensajes, advertencias y declaraciones que buscan moldear la percepción internacional.
En este escenario, la guerra no se libra únicamente con armas: también se disputa en el terreno de la narrativa.
La guerra también se libra en el lenguaje y yo observando desde lejos, como simple ciudadana de un pequeño país del Caribe que intenta comprender lo que ocurre en el mundo, hay un elemento que me llama la atención: la diferencia en el tono y la coherencia de los discursos que se emiten desde cada lado del conflicto.
En el caso del liderazgo estadounidense, particularmente en las intervenciones del presidente Donald Trump, el discurso público ha mostrado en ocasiones cambios bruscos de posición o afirmaciones que parecen contradecir declaraciones anteriores.
Esa dinámica, frecuente en su estilo político, introduce una sensación de incertidumbre que dificulta percibir una línea narrativa clara y sostenida.
Del otro lado, las respuestas que provienen de las autoridades iraníes suelen presentarse con un tono más estructurado, con argumentos que buscan responder directamente a esas inconsistencias o aprovecharlas en el terreno del discurso político.
Más allá de simpatías o rechazos hacia cualquiera de las partes, lo que se percibe es una estrategia comunicacional cuidadosamente calculada.
En los conflictos contemporáneos, la coherencia del discurso se convierte también en una forma de poder.
La narrativa influye en la forma en que los pueblos del mundo interpretan lo que sucede y, en ocasiones, termina moldeando incluso la legitimidad internacional de los actores involucrados.
Por eso, cuando las narrativas se vuelven contradictorias o erráticas, el conflicto se vuelve más difícil de comprender y, sobre todo, más difícil de resolver. La incertidumbre discursiva alimenta la tensión y prolonga el clima de confrontación.
Desde este rincón del mundo, lejos del ruido de los bombardeos pero no del impacto global de las decisiones que toman las grandes potencias, la impresión que me queda es que estamos ante un conflicto que podría prolongarse más de lo que muchos esperamos.
A veces los conflictos se prolongan no solo por las armas, sino por la incapacidad de las palabras para abrir caminos de entendimiento. La guerra también se libra en el lenguaje.



