ACTUALIDADPICANTE

Poder, corrupción y silencio: lo que el gobierno no quiere que se diga

Escándalos policiales, rumores de obras defectuosas, inseguridad creciente y caos social sacuden al país

Buenos días.

¡Cuánta mediocridad! Qué vergüenza. Tenían razón quienes calificaban de mediocre la gestión del pasado jefe de la Policía Nacional, el mayor general Ramón Antonio Guzmán Peralta. Durante más de dos años encabezó, para muchos, la peor gestión policial desde 1978 hasta la fecha.

Las cifras y los hechos hablan por solos: aumentaron las ejecuciones extrajudiciales, la criminalidad, los abusos policiales y los escándalos de corrupción dentro de la institución. Mientras tanto, la anunciada reforma policial” terminó hundida en el descrédito y la improvisación.

Pero lo más indignante ocurrió cuando Guzmán Peralta llamó “baboso” a un abogado que representa a uno de  dos comunicadores querellados por él por supuesta difamación e injuria.

Antes de insultar, ese oficial retirado debió explicar al país por qué una auditoría a su gestión en la DIGESETT detectó graves irregularidades en el manejo de más de 421 millones de pesos. ¿Qué pasó ahí?

Peor aún: según informaciones, una querella basada en esa auditoría fue depositada en la Procuraduría, específicamente en el Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa, pero habría sido engavetada. Y así, definitivamente, no se combate la corrupción.

Por eso insistimos: en el gobierno de Luis Abinader y del Partido Revolucionario Moderno, hablar de transparencia y lucha contra la impunidad cada vez parece más un mito que una realidad.

El mayor general retirado Frener Bello Arias también criticó el insulto de Guzmán Peralta y advirtió que llamar “baboso” a un abogado es una falta de respeto a toda la clase jurídica.

Para Bello Arias, el agravio resulta aún más grave porque ocurrió en el Palacio de Justicia y frente a una sala de audiencias.

En su cuenta de X, Frener Bello escribió que el exjefe policial demostró incapacidad para el debate, recordando que durante su gestión nunca participó en el debate nacional ni aportó soluciones reales, mientras su política se limitó —según dijo— a la represión

Obras millonarias… y sospechas de vicios de construcción.  A mediados de enero, el presidente Abinader inauguró la Plaza de Toros de El Seibo, una obra que costó más de 450 millones de pesos. Sin embargo, ya circulan rumores de vicios de construcción, con reportes de áreas donde se ha desprendido el “chirro”, aparecen filtraciones y hasta problemas estructurales en el toril.

Y surge la pregunta inevitable: si todo está bien, ¿por qué tanto hermetismo? ¿Por qué se impide el acceso de periodistas? ¿Por qué se prohíbe a trabajadores tomar fotos o grabar videos? Cuando el silencio domina, las sospechas crecen.

Y este no sería un caso aislado. El acueducto de Miches, otra obra del gobierno, también enfrenta denuncias de vicios de construcción y fallas estructurales.

Mientras tanto, el país vive una realidad difícil. Los precios de los alimentos y productos básicos siguen subiendo, aunque el dólar bajó ligeramente y se ubica hoy en los 61 pesos por unidad.

Pero si el petróleo vuelve a dispararse —como advierten analistas— el impacto podría ser devastador para el bolsillo de la población

A esto se suma la creciente inseguridad en sectores como San Luis y otras zonas de Santo Domingo Este, donde las denuncias de robos y asaltos no paran.

Y el caos del tránsito sigue siendo una pesadilla diaria.

El domingo pasado se registró otro trágico accidente en la prolongación 27 de Febrero, en Santo Domingo Oeste, con muertos y heridos.

La pregunta sigue en el aire: ¿hay incapacidad o simplemente falta de voluntad política para enfrentar el caos vial?

En las calles, la delincuencia se mueve con total descaro.

Asaltantes operan en vehículos y yipetas de lujo, mientras en los barrios los delincuentes siguen usando motocicletas. Incluso los microtraficantes cuentan con redes de delivery y de motores disfrazados de motoconchistas.

Y, según denuncias, algunos organismos de inteligencia del Estado parecen ignorar esa realidad.

Desde la frontera también llegan quejas. Incluso ciudadanos haitianos denuncian que las redes de tráfico ilegal de personas están cobrando sumas cada vez más altas para trasladarlos dentro del país.

Se habla, incluso, de haitianos y dominicanos utilizando yipetas de lujo en el negocio del tráfico de indocumentados por la frontera dominico-haitiana.

Para cerrar, otro caso que genera sospechas: las autoridades del Ministerio Público y de la Policía no han dicho absolutamente nada sobre cinco camiones cargados de reses interceptados en El Seibo.

Demasiado silencio. Y cuando el silencio es tan grande, siempre aparece la sospecha de que hay gato entre macutoMientras tanto, en esa ciudad ya está operando el equipo del hombre del “Látigo”.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba