INTERNACIONALESOPINION

El largo brazo del narcotráfico llegó a la DEA

 

Por Augusto Álvarez

Un viejo refrán advierte que hasta en las mejores familias ocurren hechos que, colgados, parecen uvas, y otro recuerda que a cualquiera se le muere un tío.

La realidad, tozuda como siempre, se encarga de darles la razón a ambos.

Así lo confirma la información que sacude a la opinión pública: el apresamiento y condena a cinco años de prisión del oficial de la DEA, Joseph Bongiovanni, acusado de ofrecer protección directa a narcotraficantes. Un hecho grave, incómodo y revelador.

Como puede apreciarse, la corrupción y el narcotráfico no son males aislados; son plantas que germinan y dan frutos en el mismo vientre del sistema. Donde hay poder, dinero y debilidad institucional, el crimen organizado encuentra terreno fértil.

Cabe preguntarse, entonces, si los poderosos tentáculos del narcotráfico se limitaron al ámbito de competencia de este oficial o si, por el contrario, se han extendido más allá, alcanzando otras áreas bajo la amplia sombrilla de la DEA, incluso fuera de las fronteras de los Estados Unidos.

En materia de delincuencia, donde quiera se cuecen habas. Y aunque los organismos militares, policiales y de inteligencia suelen contar con departamentos de Asuntos Internos, la experiencia demuestra que los tentáculos del narcotráfico logran romper los cercos de seguridad, infiltrarse en las estructuras y, en casos extremos, alcanzar hasta la primera magistratura del Estado. Honduras es un ejemplo elocuente.

¿Quién podría negar el involucramiento de segmentos de la autoridad con los carteles de la droga? La evidencia se acumula. Y lo más preocupante es que, en no pocas ocasiones, esas complicidades terminan blindadas con el sello gomígrafo de fiscales complacientes, convirtiendo la justicia en coartada.

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