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Unidades de salud mental: ¿avance real o promesa incompleta?

Por Margarita de la Rosa

Mientras el Servicio Nacional de Salud (SNS) anuncia la creación de unidades de salud mental en hospitales públicos, la pregunta obligada sigue sin respuesta: ¿cómo funcionarán estas unidades sin medicamentos, sin apoyo a las familias y sin transporte especializado para atender las crisis?

El anuncio fue realizado por el director del SNS, doctor Julio Landrón, durante un encuentro con la prensa en el Hospital Materno Infantil Dr. Julio Manuel Rodríguez Grullón. Según explicó, la medida busca garantizar atención inmediata y especializada a personas que enfrenten situaciones críticas de salud mental y forma parte de los ejes centrales de su gestión, aunque no se detalló la inversión que implicará.

Los datos ofrecidos por el propio SNS confirman la gravedad del problema. Entre enero y septiembre de 2025, la red pública de salud registró 247,687 consultas externas de salud mental, un incremento de más de 24,000 atenciones con relación al mismo período de 2024. De ese total, 176,017 correspondieron a psicología y 71,670 a psiquiatría, cifras que evidencian una demanda creciente y sostenida de atención especializada.

Sin embargo, el anuncio de nuevas unidades plantea una contradicción que no puede ser ignorada. ¿De qué sirve habilitar espacios físicos si los pacientes no encuentran los medicamentos que necesitan para estabilizarse? En las boticas populares, llamadas a suplir fármacos esenciales, la ausencia de medicamentos psiquiátricos es una constante. Para muchas familias, el diagnóstico llega acompañado de una sentencia económica imposible de asumir.

A esto se suma otra realidad alarmante: la inexistencia de una flotilla de unidades médicas especializadas para trasladar a pacientes en crisis. En la práctica, son los familiares, sin preparación, sin apoyo y muchas veces en medio del miedo, quienes deben enfrentar el riesgo de llevar a un paciente psiquiátrico descompensado por calles y hospitales, exponiendo su vida y la de terceros.

La salud mental no se resuelve solo con consultorios ni con buenas intenciones. Requiere un sistema integral: medicamentos disponibles, personal capacitado, protocolos de emergencia, transporte especializado y, sobre todo, orientación y acompañamiento a las familias, que hoy cargan solas con una responsabilidad que corresponde al Estado.

Convertir la salud mental en un pilar del bienestar social, como plantea el Gobierno, implica ir más allá del anuncio. Implica garantizar que esas unidades no sean solo un titular, sino una respuesta real a una crisis silenciosa que crece cada día en los hogares dominicanos.

Porque sin medicamentos, sin apoyo y sin recursos, una unidad de salud mental puede convertirse en un espacio vacío, incapaz de curar, contener o proteger.

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